divendres, 2 de desembre del 2011

PERTINENCIA E IMPERTINENCIA DEL DISPOSITIVO “LA MAISON VERTE” RESPECTO A LA PREVENCIÓN PRECOZ  CON EL NIÑO PEQUEÑO.
Intervención de Marie Hélène Malandrin

                                Psicoanalista .Cofundadora junto a Françoise Dolto y otros psicoanalistas de la “Maison Verte” de Paris.

 VIERNES 28 DE OCTUBRE 2011 en el Foro Psicoanàlitic de Barcelona-

            
Françoise Dolto, en vísperas de su muerte en 1988 lamentaba que la Maison Verte no hubiera "escrito" sobre su experiencia. Al hacerle notar que ya había hablado de la Maison  Verte en muchos de sus libros, me respondió: " explicar, no es escribir”

Hoy, sin embargo, después de treinta años de trabajo en este dispositivo de acogida, sigo encontrando en la necesidad,  como siempre, de explicar el dispositivo de la Maison Verte, presentándolo al mismo tiempo, con su arquitectura particular y a la vez también continúo poniendo a trabajar la transmisión de una praxis, que tiene toda su singularidad en el campo de la prevención precoz.

Michel de Certeau en su libro " L’invention du quotidien (La invención de lo cotidiano) ", escribe que " En toda nueva creación que haga saltar las representaciones colectivas y los corpus teóricos compartidos por un grupo, el relato, o sea " El arte de decir es en sí mismo un arte de hacer y un arte de pensar, puede ser a la vez la práctica y la teoría”.

 Y, plantea esta cuestión: " ¿no habría en ello que reconocer la legitimidad científica suponiendo que en lugar de ser un resto que no se puede eliminar o aún que se tenga que eliminar, la narración tiene allí una función necesaria y una teoría del relato  es indisociable de la teoría de las prácticas, como su condición al mismo tiempo que su producción?”


En la apertura, no podíamos darnos cuenta del valor de la teorización de " nuestros relatos " porque no podíamos prever que la Maison Verte, en su construcción atípica que reposa en 3 negaciones, "  Ni una guardería, ni un lugar para hacerse cargo , ni un lugar para cuidar ", afectaría a todas nuestras representaciones, y nos forzaría  poco a poco a admitir que en este dispositivo, la intervención educativa y la escucha analítica participan juntas en el proceso educativo, en el de estructuración y de socialización del niño.

Hoy en 2011, la cuestión de la educación atraviesa el campo social: sea a título de la política, de la pedagogía, de la psicología, de la psiquiatría, de los fármacos, o del control social; pero ahora en Europa se ataca al psicoanálisis principalmente entre otras cosas por la educación.

En Francia, a Françoise Dolto la hacen responsable de las desviaciones educativas de nuestra época, ya que habría invalidado la autoridad de los padres y favorecido la aparición del niño Rey, dándole un lugar exagerado al niño.

Estas declaraciones que encontramos de modo bastante remanente en los periódicos, dan cuenta del desconocimiento de su trabajo o en el peor de los casos de una falsificación de su pensamiento.

En efecto, la pasión de Dolto por la inteligencia simbólica del niño, su deseo de que sea reconocido como sujeto y la afirmación continúa que el pequeño es un ser de palabra que debe ser respetado y no adiestrado, nunca le llevo a colocar al niño en el centro del mundo.

La libertad del niño nos decía en 1977, se detiene en el instante en que empieza la libertad del otro. Creo que muchos problemas se deben a que muchos adultos caen en la trampa, en la trampa de adorar al niño, de adularle y se olvidan de sus propios deseos por las personas de su generación.

 Creo que ahí hay algo que hacer en nuestra sociedad para lograr que se den encuentros de madres con otras madres, de padres con otros padres, con sus niños, sin impartir clases, sino para que vivan entre humanos que son adultos que tienen deseos, con niños que tienen sus propios deseos pero sin que los niños sean completamente los dueños de sus padres todo el tiempo. “Creo que si muy pronto, el niño sabe que es uno entre los otros, en vez de ser el centro de la familia, esto se logrará fácilmente. Pero para ello, hace falta que tenga otros compañeros de su edad desde muy pronto y que las madres salgan unas con las otras ya que será así como aprenderán a relativizar las dificultades y proezas de sus propios hijos en relación con las de los otros niños”.


En este texto, se despliegan con claridad los fundamentos de la Maison Verte: socializar a los niños y los adultos de la misma edad -  no poner al niño como centro del mundo -  que es uno entre otros –  que entienda que la libertad de uno se detiene ahí donde empieza el deseo del otro – Hablar de la fuerza psíquica del pequeño.

Así pues, no veo en 2011 que tengamos la necesidad de hacer que los jóvenes padres crean que están en lucha contra una ecuación que sería imposible de resolver: " o escuchan a sus niños… O volverán a métodos educativos más tradicionales poniendo límites a su progenitura". Mientras que en toda educación, se escucha y se ponen límites,  se crea y se reproduce.

No se trata en la Maison Verte, de intervenir con la única perspectiva de sostener un destete, ni de poner interdicciones, ni de querer que un niño modifique su comportamiento, sino más bien de abrir para el sujeto un espacio de decir, donde padres, niños, y acogedores sean partenaires activos en el cuestionamiento.

Un lugar en donde lo impensado tenga derecho de entrada, más allá de todos los saberes. Un lugar en donde a cada niño o cada adulto se le reconoce como sujeto de su pregunta.
Para ilustrar lo que entiendo por abrir un espacio de decir, en donde los padres, los niños y los acogedores son partenaires activos en un cuestionamiento, he escogido dos secuencias que datan de los primeros  años de la Maison Verte, pero que podrían ser actuales.


"Esto sucede una tarde en la Maison Verte. Una mamá me plantea una extraña pregunta: “¿Cómo se sabe que un niño ha comido demasiado?” En la tumbona su pequeña hija de 6 meses, me observa tranquilamente con sus ojos azules.  En su formulación, la pregunta de la mamá  me deja en la duda: ¿a qué llama ella “comer demasiado”? En ese momento, el teléfono suena, y yo me levanto para ir a responder. Al pasar delante de un joven colega que aún no tiene hijos, le digo: - “¿Cómo se sabe que un niño ha comido demasiado?
-No lo sé, me dice él, ¿quieres que mire por Internet?
 Su respuesta me despierta de una escucha benévola, y me vuelvo hacia la mamá, simplemente para mostrarle mi asombro.
-¿A qué llama usted comer demasiado?
-  Pues bien, dos petits suisses, dos yogures, dos plátanos.
En ese punto, estoy francamente intrigada.

- ¿Por qué “dos”?

 -Bien, me dice ella, porque son “dos pechos”. Y poco a poco, se echa a llorar, antes de poder contarme su historia.
Tiene que mudarse de casa  y dejar de dar de mamar a su hija en un mes para llevarla a la casa de la canguro ya que debe retomar su trabajo. Su pediatra le ha dado el siguiente consejo: “Dele de mamar una vez cada dos”, en la siguiente toma le da un biberón más un yogur, o un plátano, o un petit suisse. Sí, pero ella tiene “dos pechos” que fluyen en abundancia cuando intenta alimentar al niño con la cuchara, y esta cifra del número dos repentinamente condensa todo el malestar del niño así como el de la madre.

Hay discordancia:
Entre su deseo de amamantar, y el deseo del niño de mamar.
Entre la respuesta a la necesidad del niño de ser alimentado y la necesidad de privarle del pecho.
Entre el saber del médico, la verdad de su cuerpo y la realidad de su retorno al trabajo.

Ella llora, su hija llora, la niña rechaza todo: el biberón, el plátano, el petit Suisse o el yogur. Su hija no corre el riesgo de comer demasiado, no come “nada”. Se salta una comida de cada dos.

Extraño giro en su enunciado del principio que me preguntaba “¿cómo se sabe que un niño ha comido demasiado”?

Le hice la observación de que finalmente acababa de escuchar que sus dos cuerpos no estaban destetados el uno del otro, pero añadí que estaba segura de que encontraría cómo acompañar con palabras a su hija cuando viniera el tiempo de la separación.

Me dijo que era exactamente eso lo que ella sentía, y se marchó. Volvió tres meses más tarde, solamente para contarme… “Dijo dos veces que esto podría servir a otras madres”

Alimentó a su hija tranquilamente durante todo el mes. Una semana antes de llevarla a la casa de la canguro, le dijo: “Irás a casa de una señora, que te cuidará cuando yo vaya a trabajar. Esta señora, no tiene leche en su pecho, así pues, en su casa, comerás un yogur, o un petit Suisse o un plátano, o pequeños potitos… y por la mañana y por la noche, te daré el pecho”. Y le volvió a decir lo mismo cuando estaban en casa de la canguro, y todo se desarrolló con tranquilidad.

Así pues, ¿qué pasó entre la madre y la niña entre esos dos encuentros: el del pediatra en el dispositivo de la consulta, y el mío en el dispositivo de la Maison Verte.  En la consulta con el pediatra, la madre tuvo una respuesta en la realidad, una solución para el destete, sin tener en cuenta su ambivalencia respecto al destete. En el dispositivo de la Maison Verte, se tiene en cuenta el conflicto psíquico en el aquí y ahora del encuentro, quizás sin continuidad.

Al pronunciar una frase, se puede dar un paso en falso. Freud estuvo intrigado por estos fenómenos, y es ahí que sitúa las motivaciones inconscientes del sujeto. Algo hace que el sujeto sea extranjero al contenido inmediato de la frase que acaba de pronunciar. Hay como un tropiezo, un fallo, una fisura, escribe Lacan.[1]

Me sorprende algo en la formulación de esta mamá, la palabra demasiado… no sabe que un niño que no quiere comer lo significa enérgicamente rechazando el pecho o girando la cara frente a la cuchara.

Mi pregunta al poner de relieve la palabra “demasiado” y la cifra “dos” produce una sorpresa, luego hay como un efecto de hallazgo, hallazgo que Lacan sostiene que es al mismo tiempo una solución, cuando surge la respuesta que produce un efecto de sorpresa en la madre: ¡“Porque son dos pechos”!

Es un pequeño fragmento de la vida, en lo cotidiano, de una charla sin pretensiones, pero podemos entender la complejidad de una idea que engloba dos registros de proximidad en la acogida en el interior de este dispositivo.

Por un lado, una acogida amistosa que permite que una madre en una visita imprevista hable de un destete difícil, con una persona de la acogida, o incluso a veces con otra madre.

Por otro, el instante de la sorpresa, que jamás se presentará dos veces del mismo modo, instante de la verdad que está más allá de una respuesta organizada como consejo, como empatía, incluso como psicología.

Así es como el psicoanalista en este espacio puede librarse de estar en el lugar del saber sobre la educación, mientras que el “psicoanálisis” es y no puede ser nada más que una disciplina que toma acto de la inadecuación, o sea una disciplina que interviene justamente “Ahí donde eso no se adhiere”, al contrario de la moda actual que hace de la palabra una especie de catarsis del mundo: hablen, les ruego, hablen…”

En ese momento eminentemente frágil, ser acogedor en la Maison Verte, es respetar  ese instante único cuando el sujeto encuentra por sí mismo, la verdad que ignoraba en el segundo precedente.

“ La verdad decía Lacan no soporta la simpleza de la explicación "

Hay entonces para la madre la posibilidad de asumir con el niño lo que Françoise Dolto llamaba una castración oral, es decir un destete, pero en su función simbolígena, en vez de un destete que desgarre el cuerpo a cuerpo en el silencio de las lágrimas.

“ La higiene, y la dietética, decía Françoise Dolto, tienen valor en cuanto al organismo pero están en segundo lugar! El cuerpo toma sentido por los sentimientos ya que el niño vive tanto de las palabras y del deseo que tenemos de comunicarnos con él como sujeto, como de las necesidades físicas.

Esta idea de que el niño vive tanto de las palabras y del deseo que tenemos de comunicarnos con él como sujeto como de las necesidades físicas, ha tenido su importancia para abrir un lugar para acompañar al niño por el camino de la autonomía, pero sin separación física de los que lo educan. De ahí la exigencia de la presencia de un adulto tutelar, que le introducirá a otro mundo distinto al de la familia.

Es la iniciación a la libertad del placer compartido con otros en una comunicación lingüística y gestual donde cada uno se complace estando de acuerdo con otros - pero, es también el encuentro con las dos reglas de la Maison Verte: el delantal que el niño debe ponerse para jugar con el agua y la línea roja.

En una sala hay unas butacas, alfombras, un rincón para jugar con el agua, es aquí donde los padres y los niños que no caminan se instalan en general.

En la otra sala, hay juegos con material rodante como camiones, bicicletas, andaderas. Una línea roja entre ambas salas inscribe para los niños un límite que no hay que sobrepasar con los objetos que ruedan.

Y, sus reglas tienen una función doble:

Educativa:
Permitir al niño el encuentro con reglas que existen para todos y que no son las de papá y mamá. Reglas que molestan más a los padres que a los niños. “Es todavía muy pequeño para comprender” dirá  una mamá – “Sus delantales no sirven para nada” dirá otra.

Como me decía un chiquillo encantador de 3 años “voy donde quiero, cuando quiero con mi camión” y esto delante de su mamá cómplice que miraba sonriendo.

"A los dos años, decía Dolto, no se trata de adiestrar al niño, aunque las pulsiones del deseo del niño estén en parte bloqueadas y en parte necesiten ser sostenidas para que salga de su potencia y entre en un comercio de intercambio lúdico y social, con valor de placer entre sujetos. "
Analítica:

Permitir que los niños utilicen el espacio de juego y las reglas del dispositivo, en su proceso interno de subjetivación. Se trata entonces de entender, a veces, los gestos inadecuados  de un niño, en el momento en el que nadie entiende nada.

Aprecio este "nada",  que es el punto de tangente entre dos universos psíquicos, aquel de los padres y aquel de los niños. Es la garantía de que no nos metemos en este lugar por el camino ilusorio de un psicoanálisis de la normatividad que haría de lo prohibido el alfa y el omega de la educación.


Es un sábado tranquilo por la mañana. Estoy en una sala en donde circulan los camiones y las bicicletas en compañía de un niño pequeño de tres años y medio que conozco muy bien. Vino el año pasado con su mamá, y le fue muy difícil organizarse con la regla de la línea roja. Va a la escuela desde septiembre, estamos en noviembre, y es la primera vez que le encuentro desde ese gran cambio en su vida. Ese día viene con su padre y su madre, que se sentaron tranquilamente en la otra sala, el padre, relajado, lee el periódico.

El pequeño, muy tranquilo, da vueltas con su camión haciendo ruido como si fuera un coche. Para él, manifiestamente, era un conductor emérito. En un momento su madre se reúne con nosotros, y estamos ahí las dos, de pie, en medio de la sala, silenciosas, con el niño dando vueltas tranquilamente alrededor nuestro. Le digo entonces a la madre lo que constato haciendo referencia implícita a otros momentos en que se ha quejado mucho de que su hijo aceptaba mal los límites:

-Es feliz hoy, quizás está contento de haber venido con su papá.

La palabra “papá” la enfurece.  Se lanza en una crítica, contra este hombre, que no es el padre de su hijo, sino un amigo con el que comparte su vida desde hace dos años.  Por otra parte el pronto se marchará, ella va a abandonarlo, está harta de sus reflexiones respecto al niño. Él le ha dado hoy el coñazo, de verdad,  dice ella porque al venir a la Maison Verte con su hijo en el cochecito, le decía que el niño era ya bastante mayor para andar, como si no tuviese el derecho también de ser pequeño, un sábado por la mañana,  ya que tiene todas las obligaciones de la escuela toda la semana.

A medida que habla, el niño empieza a acelerar sus movimientos alrededor nuestro hasta el momento en que ella le dice enfadada: - Para, me mareas. El pequeño, entonces, se para delante de la puerta de cristal de la entrada, después se pone de pie sobre el camión en perfecto desequilibrio. Le seguí con la mirada sin decir una palabra. La cólera de la mamá se agudiza: - ¡Venga! ¡Dígale que no puede subir al camión, que no tiene derecho a hacer nada, que todo está prohibido, que no puede divertirse!”

No tuve tiempo, ese día, de pensar cómo iba a intervenir con el niño que acababa de poner en escena, de pie, sobre el camión, un momento de desequilibrio, un momento en donde su universo vacilaba en eco con las palabras de su madre.

Me impresionó la inadecuación de la palabra  “divertir” que la mamá puso en oposición a la palabra “prohibido” para justificar el derecho del niño a jugar haciendo equilibrios delante de una vidriera, significando así que era ella la que “hacia la ley” en casa como en la Maison Verte.

La inadecuación me reenvía bruscamente a un artículo que había leído el día anterior. Varios adolescentes entre 14 y 15 años se divertían recorriendo a contracorriente la autopista, en pequeñas motos, había habido dos muertos.

 Formulé en voz alta lo que escuchaba de su frase.

 “-Hoy, cumple tres años y medio y usted piensa que está muy bien que suba al camión delante de una puerta acristalada, pero cuando tenga 14 años y haga infracciones con la moto, con la suya o la de otro, usted lo verá menos evidente.

Usted es idiota me respondió ella, y me voy, ¡me pone muy nerviosa!

Después fue a rellenar la hoja en que los padres ponen: el nombre del niño- la edad- la persona que les acompaña- padre, madre, otros, y el tiempo de su estancia.

Entonces la oí estallar de risa, y me llamó: - Marie-Hélène, venga a ver, venga a ver, y  me dio la hoja para que leyera lo que acababa de rellenar.

 Yo no veía nada. - Pero si mira, me dijo ella, quería poner el tiempo de nuestra visita, media hora, y escribí ½ en la columna del padre…. Es hora de que solucione mi problema con “los hombres”. Mi hijo tiene un vínculo muy fuerte con mi amigo, hace el papel de padre para él, se entienden muy bien, sólo digo tonterías.

El inconsciente decia  Lacan en 1967: « ello  falla,  ello sueña, ello ríe »
Después de esta precisión, se fueron enseguida los tres, el niño andaba muy derecho al lado de su papá,  él empujaba el cochecito vacío, la madre sonriente acompañaba el movimiento.

En la Maison Verte, no estamos solamente en un dispositivo de acogida y de escucha de lo cotidiano, estamos también con otros - entre medio de otros – confrontados con los otros, en un espacio  de lo cotidiano.

Maurice Blanchot en su libro “L’Entretien Infini[2] (“La entrevista infinita) habla de la fuerza enigmática de la verdad cotidiana: lo cotidiano, dice, somos nosotros en lo ordinario  (…) Sea cual sean sus aspectos, lo cotidiano tiene ese rasgo esencial: no se deja atrapar. Se escapa. Pertenece a la insignificancia, y lo insignificante no tiene verdad, sin realidad, sin secreto, pero puede ser también el lugar en donde toda significación es posible. Es en esto que es extraño, es lo familiar que se descubre (pero ya se desvanece) en lo sorprendente.

Lo familiar  “esto causa todo solo” es una pequeña cifra en la columna “del padre”, queriendo hablar del tiempo de presencia, que produce efectos  de vuelta para el sujeto.[3]

La escucha de lo cotidiano, es entonces, un arte de escuchar, que se articula con un arte del decir, en el aquí y ahora del encuentro, en un dispositivo que debe a la vez ser un lugar vacío y ser una referencia para todos.

Ser un espacio vacío

Esto determina que ni un grupo, ni una persona pueden decidir  que en este lugar están en su función social habitual y esto concierne al lugar del psicoanalista, como al del educador, como  al de la asistenta social.

Conceptualmente, era necesario construir una institución que no funcionara con instancias reguladoras que tuvieran el poder: médico jefe, educador jefe, o director, o un saber, pequeño Amo de día, o gran Amo en las reuniones; más bien de un modo horizontal donde cada uno debe asumir en lo cotidiano de la acogida ser uno entre otros refiriéndose a un encuadre de trabajo.

Ser referencia para todos:

-Porque hay unas reglas de funcionamiento que organizan el marco de la acogida: sustitución todo los días del equipo de acogida, y esto de lunes a viernes; rotación  de los equipos que asumen un sábado al mes aproximadamente; presencia de un adulto tutelar; participación financiera; reglas sobre los delantales y la línea roja. Anonimato

Lo corolario de esta arquitectura para los padres, es la seguridad, que no pondremos en común en reuniones de síntesis los acontecimientos que se producen  cada día y que no  transmitiremos a los otros profesionales del sector lo que se vive en este lugar. Es esto entre otras cosas  lo que recubre el concepto de anonimato para los acogedores.

Para los padres este concepto de anonimato es la piedra angular de los lugares de acogida,  y valida la idea de que ellos deciden según su deseo venir a la Maison Verte,  a su ritmo y utilizándolo a su conveniencia.

En el momento de marcharse, dan testimonio de su adhesión a este dispositivo de acogida original dejando una participación financiera a su apreciación.

Este marco de funcionamiento cuando se respeta la lógica se organiza en un punto paradójico: a la vez, se impone a todos sin pedirnos nuestra opinión, y a la vez exige de todos el consentimiento.


Pierre Benoît en 1984 consideraba que el pensamiento fundador de Françoise Dolto había empezado un proceso en donde la Maison Verte era el teatro.

Françoise Dolto, por su parte, respondía que la creación de la Maison Verte había empezado un proceso en donde su pensamiento estaba actualizado.


Si la Maison Verte es el teatro del pensamiento de Dolto, podemos preguntarnos si para Pierre Benoît ella está en el centro de la puesta en escena como lo estaba en la consulta de Trousseau, o en la de la calle Cujas.

Si la Maison Verte para Françoise Dolto, actualiza su pensamiento, ella está trabajando con el dispositivo, ella es “Una entre otros en la acogida.”

Podríamos decir que la Maison Verte es un teatro que nos permite a todos: niños, padres, acogedores, de reactualizar nuestro pensamiento en un espacio vacío de todo proyecto de cuidados, de guarda, de seguimiento, en una escena, donde se juega cada día una nueva obra en busca de autor.

-         Es exactamente lo que hace la mamá que se preguntaba “Cómo se sabe que un niño ha comido demasiado”.

-         Es exactamente lo que hace la mamá que pensaba que sólo contaba su ley.

La Maison Verte en la actualidad mantiene su pertinencia como espacio de encuentros, de sociabilidad, de socialización y de educación.

Pero es también es un espacio que guarda toda su impertinencia, ya que se apoya en la idea simple pero a veces inaceptable por el discurso social, que ni podemos dominar todo, ni controlar, ni evaluar respecto a la educación de nuestros hijos, y que es a menudo, en el interior mismo de lo que se nos escapa, que pueden haber efectos posibles e imprevistos de prevención en el campo de la educación.

Traducción: Matilde Pelegrí













[1] Seminario XI “ Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” Paidós
[2] Maurice Blanchot: “ L’Entretien Infini” Gallimard 1969, pág. 356-357
[3] Esta secuencia me hace pensar a algunas líneas de Lacan en su texto “lo simbólico, lo imaginario, y lo real” texto que ha sido escrito justamente antes del congreso de Roma” Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”.
“Lo real dice es o la totalidad, o el instante que se desvanece. En la experiencia analítica, para el sujeto, es siempre el choque contra algo como por ejemplo el silencio del analista”.

dijous, 13 d’octubre del 2011

ADOPCIÓN Y FAMILIA

SOBRE PREOCUPACIONES Y PREGUNTAS QUE PLANTEAN LOS ADOPTANTES
Inés Rosales Manfredi

3era y última parte:
Para terminar, reflexionemos sobre algunas cuestiones más concretas que pueden darse o temerse cuando se adopta un hijo, y en lo observado durante el llamado seguimiento de los niños/as, ya en su hogar definitivo.

-La franja de edad- 0 a 3 años- más frecuente del recién llegado
Es cierto que algunos niños adoptados- no todos- llegan a sus hogares con déficits en su desarrollo. Vamos a decir por qué algunos y por qué no todos.
. Que un ser humano desarrolle su percepción, su motricidad, su inteligencia, su afectividad, no sólo depende de la maduración biológica, ni siquiera sólo de una normal alimentación (aunque también) Sino del otro que le pide que crezca, que espera de él que se haga grande, que sea observador, que responda, que atienda, que entienda, que hable: es “el deseo del otro” el que también hace crecer. Y justamente porque desean al niño, y lo desean despabilado y en el futuro independiente, entonces lo estimulan de las más variadas formas. No hace falta saber pedagogía o psicología para hacerlo. Los padres o los cuidadores sencillos desde siempre han inventado juegos muy precisos para cada edad: “cinco lobitos”, “palmas- palmitas”, aparecer-desaparecer... tienen que ver con lo que se espera que adquiera en cada momento evolutivo.
. A veces puede ser que llegue un niño adoptado con un problema neurológico, o cromosómico que justifique por sí sólo un retraso en su desarrollo. Pero esto es lo menos frecuente, porque cuando los futuros padres adoptivos hacen las entrevistas con los equipos que van a hacer su informe de idoneidad, entre todos trazan el perfil del niño que se quiere adoptar; si bien ¡cuidado! sólo se permite trazar unos mínimos: ojos azules no... Pero poner que se quiere adoptar un niño/a sin deficiencias físicas ni mentales ni sensoriales, lo hacen todos los adoptantes (salvo que explícitamente elijan un niño “con necesidades especiales”, es decir con deficiencias. Pero son la excepción) Y eso suele ser estrictamente respetado por los países dadores; incluso en el momento en que se halla un niño para tal familia (asignación de niño), se les envía la foto y una ficha médica bastante completa; todo lo cual figura entre los acuerdos que los países han tomado en el Convenio de la Haya (que regula la adopción internacional)
. Sin embargo es verdad que algún bebé adoptado no ha adquirido los ítems propios de su edad cronológica, porque, como se ha dicho, tal vez no han tenido esos otros que quieran eso exclusivamente para él: el niño ha tenido cuidadores que en el mejor de los casos trataban de darles algo a todos los bebés del centro; pero probablemente faltó el vínculo personal, de sentir el niño que se lo desea a él, que se lo elige para quererlo, para enseñarle cosas... Esto es algo que ha sido muy estudiado desde hace mucho tiempo: las investigaciones de Spitz tienen ya muchos años.
. Pero en cuanto tiene unos padres, o bien un padre o una madre para él, que lo quieren y que le piden que crezca y que aprenda, que por eso lo comienzan a estimular y a ofrecer cosas apropiadas para su maduración, o bien piden ayuda profesional si ven que la necesita... entonces el niño/a comienza a ganar terreno, y a veces de forma muy rápida y espectacular. Lógicamente en esto hay diferencias: un niño no es igual a otro. Ni una familia igual a otra. Pero es muy importante que la familia y también los educadores -  el papel de éstos también puede ser importante-  le muestren que confían en él, que puede ir desarrollando sus recursos; para que pueda sentirse seguro, confiado respecto del otro y de sí mismo (Lo dicho vale para cualquier niño: aquel niño en el que no se confía es susceptible de mostrar un retraso...)
. Pero también, y por las mismas razones, hay algunos niños adoptados que llegan prácticamente sin ningún retraso madurativo. Aquí, además de la cuestión de las diferencias individuales, ocurre que algunas veces estos pequeños han podido hacer algún vínculo personal con algún cuidador, por diferentes razones: de afinidad emocional, porque se encariñó con el niño, etc., y conseguir a través de ese vínculo amoroso lo que él necesitó para desarrollarse (el niño pudo interpretar que el otro le pedía que aprendiera, que deseaba cosas buenas para él...)
. En algunos centros de algunos países, cuando tienen niños pequeños susceptibles de ser adoptados, o ya disponen de los datos de la familia candidata, le proveen al niño una familia temporal y sustitutiva (en ciertas ocasiones los futuros padres adoptivos contribuyen a pagar este mantenimiento). Eso suele funcionar bien, aunque luego el niño también tenga que hacer el duelo por esas figuras paternales. Pero si han sido buenas figuras, habrá sido positivo para él y transferirá lo bueno a sus nuevos y definitivos padres.
. Además de los padres, familiares y amigos, también la escuela (guarderías, parvulario) tiene la ocasión de recibir a los niños adoptados casi al mismo tiempo que su familia, y de ofrecerle sus propios lazos, lazos educativos, que es un aporte tan importante. Y sobre todo porque pueden trasmitir a la familia, al propio niño y a los demás niños que sí, que el niño adoptado tiene eso de particular: que viene de otra parte y que nació de un cuerpo que no es el de sus padres... pero que, después de todo cada uno de los niños que irán a esa clase tendrá algo particular, algo que lo diferencia de todos los otros... ¿o no?

- Los niños mayores
Otras personas o familias adoptan niños de más edad, digamos, en edad escolar. En estos casos, el niño o niña tendrá ya mucho más avanzada su evolución psicomotriz, lingüística y en parte su desarrollo intelectual, mejor o peor, por lo que hemos dicho. Y por supuesto que, siguiendo las mismas razones que hemos expuesto, con el deseo y el interés de sus nuevos padres, y con la plasticidad propia de la infancia, pueden obtener estas áreas aún un desarrollo mayor. Lo que no será fácilmente soportable para el niño, más si ha venido con una base escasa, es encontrarse con una exigencia desmedida y poco realista a veces, por parte de sus padres adoptivos, porque eso probablemente será interpretado por el chico como que no se lo está aceptando… finalmente sentirá que no se lo está filiando, ya que el hijo que están tratando de conseguir no es él o no es como él…
Un temor que aparece con frecuencia en la adopción de niños mayores es que sean demasiadas las malas vivencias acumuladas y que el niño las conserve en su memoria. Lo primero, sí, es posible; es una cuestión de cantidad que está implícito en la adopción de un niño más grande; lo cual no significa que esas malas experiencias no puedan ser elaboradas, habladas, y en tanto habladas, sustituidas, combinadas con nuevas palabras que el niño reciba, y entonces mejoradas. O recicladas a partir de que por fin él es hijo de alguien que quiere ser su padre o su madre. Es decir, a través de que haya una verdadera filiación. Y el hecho que él sea capaz de recordar esas malas situaciones vividas, para nosotros que somos psicoanalistas de cara a un trabajo terapéutico con ese niño, es mucho más favorable que si se han olvidado. Porque estar olvidadas quiere decir estar reprimidas; lo que hace más arduo el trabajo.
Hay otra cuestión que a veces aparece también como temor en los padres adoptivos, tanto de bebés como de chicos mayores: es un resquemor respecto a la herencia de los padres biológicos. La transmisión hereditaria de los caracteres físicos es inevitable. Si han heredado alguna de las enfermedades de aparición tardía, no es algo frecuente, pero es otro posible riesgo que comporta cualquier adopción (también existe ese riesgo en cualquier nacimiento: haber heredado una enfermedad de la que la familia no tenía conocimiento, o bien padecer una mutación genética, etc.). Lo que sí  podemos asegurar es que no hay herencia de los rasgos psicológicos o de carácter. Cuando un niño se parece en una cuestión de carácter o de costumbres o de preferencias a sus progenitores o a sus abuelos, no se trata de herencia sino de identificación: el niño se ha identificado sobre todo en la medida en que el otro le ha hecho notar, o le ha dicho “eres igual a tu padre en esto que haces”. Y bien, es posible que si el niño o la niña adoptada de mayor, ha vivido con su familia de origen, traiga algunas identificaciones… Pero las identificaciones también pueden sustituirse; o después de un trabajo analítico si hiciera falta, quedar reducidas a una mínima expresión, a un solo rasgo, que no tendría por qué ser el más negativo, de aquella persona que una vez fue su padre o su madre y le dejó sólo una marca…Lo importante es que los nuevos padres no lo fijen a un rasgo X de su familia anterior (Conocí un lamentable caso de “devolución” de una niña: por miedo a que sea prostituta como la madre…)
Algo importante a tener en cuenta en la adopción: todos los niños, en realidad todos los sujetos, adoptados o no, en algún o en varios momentos de la vida, hacen un síntoma: un problema en el dormir, en la alimentación, en la escuela; alguna fobia; agresividad con otros niños; rebeldía en la adolescencia; alguna disfunción sexual en la edad adulta, etc., etc. Por tanto no podemos atribuir cada síntoma que pueda hacer el hijo adoptado, al hecho de la adopción. Si hay un síntoma, y este persiste y trae malestar al niño y a su familia, eso debe ser tratado. Y en ese tratamiento el sujeto, el niño, le irá encontrando significaciones a sus síntomas. Puede que las causas que él encuentre estén en su vida anterior a la adopción, o puede que simplemente tenga que ver con el modo de relación con sus padres actuales (que a su vez pueda estar condicionada por los miedos que sus padres tienen por el hecho de haberlo adoptado, etc., etc.). En fin, él encontrará, como todos, que si tiene un síntoma, por ejemplo una fobia, o una enuresis, o cualquier otra inestabilidad, será algo particular de él; que es un hijo adoptado, si, pero no es sólo eso; es quien es, distinto de otro; o tan particular como lo es cada cual.

- La adolescencia
Y para terminar, podemos pensar en este tiempo evolutivo del chico adoptado; pero en la misma línea de lo que estamos diciendo. Para el chico adoptado, su adolescencia será un momento de crisis como para los no adoptados. Y lo propio de la adolescencia ¿qué es? Que el niño ha crecido y se encuentra con una nueva forma de goce, con una sexualidad distinta de la infantil, porque incluye al otro sexo. Que sus padres dejan de ser ideales, y empiezan a ser cuestionados, entre otras cosas porque ahora sabe que él mismo podría ser padre o madre… Y en ese mismo cuestionamiento general, si el chico ha sido adoptado, también pondrá en cuestión su propia adopción; e insistirá en obtener “pruebas” del amor de sus padres adoptivos. Y así como los padres adoptivos muchas veces habrán achacado tal o cual síntoma del niño al hecho mismo de ser adoptado, ahora, en la adolescencia, probablemente sea el chico quien crea que por ser él un hijo adoptado, los padres no lo complacen todo lo que él querría (y dirá que como él no es su hijo biológico no le compran la moto, o no le dejan salir hasta muy tarde, etc., etc.).  Pero ciertamente, eso es lo que hay que poder desmontar, tratar de quitar consistencia a esta idea de que los problemas se explican por la adopción, por que no es ni mucho menos tan cierta…Si no entonces, la propia rebeldía o el malestar adolescente contra los padres, podría conducirlo más fácilmente, como se había dicho, a idealizar a los “padres de sangre” y a decir que quiere encontrarlos…Por mi experiencia, cuando las cosas son habladas y encauzadas en la familia o con ayuda si hace falta, el adolescente desiste de ir en busca de sus orígenes… En los casos de adopción internacional, también se topa con la gran dificultad, y en muchos casos  con la imposibilidad (ejemplo si era de China), cosa que también deberá aprender a aceptar.

 La adopción no es fácil, pero su éxito no es imposible. Entendiendo por éxito: que ese hijo adoptado pueda sentir que es alguien (lo cual es importante para cada uno), que se inscribe en una generación: ser hijo de unos padres, nieto de unos abuelos, a quienes él dará a su vez su propia descendencia. Que sienta que puede hacer cosas en la vida, porque sus padres quieren, desean cosas buenas para él... Como todos los hijos.


Inés Rosales Manfredi

dilluns, 3 d’octubre del 2011

ADOPCION Y FAMILIA
SOBRE LOS ADOPTANTES (O PADRES ADOPTIVOS)
2ona. parte
Inés Rosales Manfredi

La pareja o a las personas individuales que inician una adopción son los sujetos objeto de gran interés para la administración encargada de tutelar a los niños, y como tal garante de su bienestar.
Sobre ellos recae una cierta selección, de los idóneos: entrevistas de valoración que realizan con un equipo de profesionales autorizado por la administración (con lo cual hay que suponer que no todos son idóneos; no-todo vale, también en materia de adopción). Dicha selección, con frecuencia es vivida como paradojal y provoca algunas protestas, ya que es verdad que hay muchísimos niños en el mundo que sufren deprivaciones; pero la realidad es que no todos están en situación legal de ser adoptados; se tienen que dar un alto número de condiciones para poder determinar la adoptabilidad de un menor: tener condición de “abandonado” (6 a 8 meses sin que alguno de sus padres lo visite), o haber renuncia expresa sin que medie ningún reclamo por parte de familiar biológico; y todo esto tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En esto la demanda supera la oferta, sobre todo después de la entrada en las economías emergentes de países como India y China,  grandes dadores de niños en la década pasada, pero no así en la actualidad.
Los adoptantes tienen que ser visitados por un psicólogo, entonces. Pero ellos ¿qué demandan? No suelen pedir más que un informe de idoneidad; y eso no ha de perderse de vista. Si el psicólogo es un psicoanalista sabrá perfectamente que no ejercerá de tal en esos momentos: no hay demanda de cura, ni siquiera de diagnóstico; los sujetos no están bajo transferencia, por tanto no cabe interpretar ni  buscar demasiado saber sobre lo que no hace a la cuestión. Hace falta tener esto claro. En cambio sí un psicólogo tiene que provocar que ellos, los futuros padres adoptivos se interroguen sobre su pedido de niño, que lo pongan en cuestión desde sus propias posiciones y se escuchen hablar de ello: de su infertilidad, de si tienen ya niños por qué quieren uno más y venido de otra parte, etc., etc., para que puedan confrontarse y no negar las dificultades que comporta el adoptar un hijo. A veces, el hablar de esta manera ha tenido un efecto no buscado: el abandono del proceso (darse cuenta que no era adoptar lo que querían...) Otras veces, la mayoría, la decisión de adoptar un hijo ha salido más asegurada.
Si lo que los adoptantes demandan es un informe de idoneidad, lo que ellos desean sólo podría saberse en un análisis, no en dos o tres entrevistas. Sí en cambio se puede decir (ellos lo dicen) lo que anhelan: obviamente un hijo, lo que es común con los padres biológicos que han buscado tener y criar hijos: es “el duro deseo de durar” que nombra Paul Eluard.  Pero en verdad todo hijo, adoptado o no, viene en lugar de otra cosa, en lugar de algo que falta, o de lo contrario no se lo buscaría; es esa falta estructural de la que habla el Psicoanálisis.
Escuchamos que en muchas mujeres el deseo de tener un hijo está más ligado a lo corporal, a una falta imaginaria en su cuerpo; mientras que en muchos hombres parece tratarse, más que de tener un hijo, de ser o no ser padre, de poder nombrarse como padre, nombrar al hijo…
La particularidad, si es que hay alguna, del padre/madre adoptivos, es que éstos van a filiar un hijo que viene de otra parte, de otros cuerpos, a veces de otras etnias. Por eso, lo que constatamos en las parejas estériles es que durante cierto tiempo se resisten a renunciar al hijo biológico, al del narcisismo de su imagen y semejanza, y recurren a todas las técnicas posibles de reproducción asistida, a dolorosas manipulaciones de su cuerpo y de su intimidad, hecho con frecuencia vivido dramáticamente. Y el saber médico viene a responder a su demanda; y hace de su infertilidad una enfermedad que ofrece curar.
Cuando estas técnicas fallan y el niño de su cuerpo-imagen no llega, estas personas estériles empiezan a pensar en ese otro hijo posible, el hijo adoptado, pudiendo darse en estos momentos un imperioso empuje a filiar ya, el hijo ahora, como se presentan a veces algunos candidatos a la adopción.
Bien, pero ¿qué es filiar? Según el diccionario es reconocer a un hijo como propio; inscribirlo con los apellidos, recibirlo, criarlo…en fin, es desearlo como hijo. Estas definiciones tanto valen para pensar la filiación del hijo biológico como la del adoptado. Ya que, de acuerdo a esto, filiar no es un proceso natural; y eso puede ser la razón de posibilidad de la adopción: hay padres biológicos que deciden (quizá forzadamente) no filiar al hijo nacido de ellos, y hay padres adoptivos que deciden filiar y amar como propio al hijo no nacido de ellos. Ya sea que filiemos al hijo propio o ajeno, en ambos casos se tratará de un acto simbólico, de reconocimiento, de nombre…
 En el animal se da un continuum entre acoplamiento macho-hembra, nacimiento y crianza de los cachorros, porque allí: instinto sexual = instinto de reproducción = instinto maternal (hembras). Es todo un mismo hecho natural. En el sujeto humano en cambio, se ha producido un corte, una pérdida de ese hecho natural por causa de la humanización o del lenguaje. En él todo está regido por el deseo y por un proceso simbólico de lenguaje. Así, el deseo que se pone en juego en el acto sexual es distinto del acto de reproducir, y este puede ser distinto del acto de filiar.
Esta especie de desconexión o desnaturalización entre coito y filiación, que hace posible la adopción, las TRA o el control de la natalidad, es también fuente de grandes paradojas en el sujeto (que veremos mejor desde el punto de vista del niño adoptado).
Y volviendo a los adoptantes en su encuentro con el psicólogo: cuando se les pide que hagan el duelo por el hijo biológico que no tendrán, creo que eso debería apuntar a que toleren que hay algo perdido para todos, no sólo para ellos, en esa ruptura del continuum entre la supuesta relación sexual natural y la filiación de un hijo. Un adoptante me lo dijo claramente: “nosotros ya no queremos parir un hijo, pero seguimos deseando tener un hijo”  Es el deseo que constituirá al sujeto.

SOBRE EL NIÑO/A ADOPTADO/A

Se ha dicho y he corroborado en mi práctica que no hay una clínica particular del niño adoptado. Él/ella, como los otros, podrá ser un sujeto entre normal y neurótico- la mayoría; y quizá una minoría, como en cualquier otro caso, tendrá otra estructura más compleja, como psicosis o autismo, pero que no dependerá del hecho adoptivo en sí, sino de muchísimos avatares.
Sí en cambio hay situaciones vividas que pueden ser comunes a muchos adoptados, por lo cual habrá una serie de palabras que tendrán una especial resonancia para él, que sentirá que lo nombran (significantes mayores): abandono o renuncia, no deseado por unos/demasiado por otros, a veces maltratado… Y lo recuerde o no, esos significantes formarán parte de su cadena de lenguaje. Claro que una palabra sólo tiene sentido cuando se combina con otras palabras. Por lo tanto dependerá de cómo se combinen estas palabras que le pertenecen y trae consigo el niño adoptado con los significantes nuevos que le irán aportando esos otros que serán sus padres adoptivos. Entonces, según como sea esta combinación de palabras (lo cual implica, por supuesto el amor y el cuidado) resultarán unos efectos u otros; hará que aquellas palabras que traía cobren significado traumático o hagan síntomas; o bien que le permita reparar o modificar esas primeras heridas o marcas.
En esto el psicoanálisis nada puede decir a priori. Sólo si el sujeto hace algún síntoma en un momento y recurre a un analista, entre los dos se podrá construir algún saber sobre los efectos que tuvo la vida anterior a la adopción, y la adopción misma. Este saber que él construya, como en cualquier otro niño, tomará la forma de un mito individual, ya que la verdad histórica está perdida para todos.
Interrogarnos por nuestros propios orígenes es común a todos, porque queremos saber qué deseo nos ha constituido. Por eso cada uno inventa su “novela familiar”, que para Freud tiene esta estructura: cuando los padres dejan de ser los ideales de la primera infancia, el niño imagina que podría tener otros padres mejores, más encumbrados, que algún día reencontrará y vendrán a buscarlo. Moisés, Superman y hasta Jesucristo son, como Edipo, héroes con dobles padres.
Para Freud esta división tiene como finalidad recuperar, en los otros padres inventados, la parte idealizada y perdida de sus únicos padres. Pero tiene también otro objetivo: y es negar la “escena primaria”, el coito entre los padres, de contenido siempre traumático, inasimilable. Dado que el niño cree en un principio que hubo un solo acto sexual que es el que lo hizo nacer, luego, si sus genitores son otros, es que sus papás, los de casa, ellos no han hecho el amor (lo cual lo tranquiliza de momento...)
Y aquí volvemos a esa desconexión entre coito y filiación  que en ese momento de los dobles padres, el niño promueve y radicaliza. Y negando la escena primaria, niega también la diferencia de los sexos, la castración, la muerte individual, en fin, todo aquello de lo que no quiere saber.
Y volviendo al niño adoptado ¿Cómo vive su “novela familiar”? Como todos, él también desdobla a sus padres. Sólo que este desdoblamiento tiene alguna coincidencia con la realidad. Él nació de unos padres más pobres, y si ya no era un bebé, también soñó con otros padres ricos que un día vendrían a buscarlo al centro. Y así ocurrió y lo hicieron su hijo legítimo.
Y si las cosas van bien, el niño convivirá durante tiempo con ese desdoblamiento, que le sirve a él también para poner el coito parental y la sexualidad fuera de casa, lejos de los que en realidad son ahora sus únicos padres, en el sentido de la filiación y del deseo. En este momento el niño adoptado está afirmando a sus padres como completos e ideales; también él se siente completo.
Pero los ideales caen para todos, también para él. Y cuando sus papás no son tan poderosos, debe invertir la cuestión: empezará a soñar y a idealizar ahora a aquellos otros padres, tal vez desconocidos, pero que ahora llama los “verdaderos”, los padres biológicos, y hasta pude que quiera ir a buscarlos. En ese momento él intenta restituir el mito de la sangre, la supuesta “llamada del instinto”, conectar sexualidad y filiación, apelar a la relación natural entre padres e hijos, olvidándose de la evidencia de que, si hubo primero la renuncia de unos y la filiación por parte de otros, es que lo natural ya no está allí. Sólo que él intenta pasar de una idealización a otra.
Si me he detenido en este tiempo de la novela familiar, es entre otras cosas para mostrar que tanto el adoptado como el que no lo es, en tanto tienen un inconsciente, están igualmente confrontados con su deseo, con esa parte de la sexualidad que es difícil de asimilar para cada uno, y finalmente con las lagunas del saber. Ya que, si bien los padres adoptivos tendrán el deber de transmitir al hijo todo el saber sobre su origen que esté a su disposición y de contribuir con su búsqueda llegado el caso, ambas partes, padres e hijos, habrán de poder tolerar que, como para todos, siempre se tratará de un saber incompleto.
2ona. parte

dimarts, 27 de setembre del 2011

ADOPCIÓN Y FAMILIA

Inés Rosales Manfredi

Nota: Este texto se publicará en tres partes

1ª parte 

Voy a reflexionar en torno a este tema, basándome en una larga y variada experiencia en el campo de la adopción en sus distintas fases, y desde el Psicoanálisis, como el marco t spondientes “informes de seguimiento” para la Administración pública y para el país de origen del menor en caso de adopción internacional. Entre el 2000 y el 2007 al formar parte del Comité Técnico (multidisciplinar) para la Adopción de la Generalitat de Catalunya tuve la ocasión de estudiar todos los informes de idoneidad sobre los candidatos a la adopción, emitidos por los equipos concertados, a los efectos de su ratificación o rectificación. Desde 2007 hasta la actualidad, hablo y me hablan en grupos operativos los futuros padres mientras esperan ser llamados por el país donde reside su futuro y aún desconocido hijo, para irlo a buscar; esto en el marco de una ECAI (    ).
De todas estas experiencias entonces, caben reflexiones tanto desde lo social como desde lo subjetivo, si bien veremos imbricarse ambos aspectos. De lo primero debemos destacar:

ALGUNOS FACTORES DEL INCREMENTO DE LA ADOPCIÓN


Si la adopción de hijos – institución antigua que ya figuraba en el código de Amurabi- puede considerarse un fenómeno contemporáneo es en tanto su demanda se ha incrementado fuertemente en nuestros países en los últimos ocho o diez años.
 He extraído algunos de los factores de tal incremento, no de un análisis sociológico de la cuestión, sino de las propias palabras de los adoptantes y a veces también de los adoptados, en mi tarea de escucha como psicóloga de formación psicoanalítica. A su vez, aislar dichos factores me sirvió para el trabajo con estas personas porque, al ser hechos de discurso (es decir: de lo que se dice, se oye o se escribe) subyacen en la demanda de hijos que ellos realizan, e incluso a veces la condicionan.

1- El primer factor a mencionar del auge de las adopciones, es la división entre países (o personas) ricos y países (o personas) pobres. Los primeros tienen acceso al trabajo y al consumo, los segundos quedan por fuera de esa distribución de bienes. Los primeros tienen más objetos pero menos niños, los segundos tienen muchos hijos pero pocos bienes. No tienen niños muchas familias con recursos que demandan un hijo venido de otro país; tampoco tienen suficientes niños los países desarrollados para satisfacer todas las demandas de adopción de sus súbditos: por un lado los ciudadanos tienen acceso a la planificación familiar y a los anticonceptivos (la caída demográfica de los países occidentales), por otro lado los programas de ayuda familiar hacen que no sea tan frecuente que las familias pobres de los países pudientes recurran al abandono o a la renuncia de los hijos. Sólo quedarían los hijos de la franja de la marginación como susceptibles de adopción: el cuarto mundo del primer mundo (Esto es así, de momento, ya que la crisis sobrevenida en nuestros países occidentales desde 2007, está poniendo en peligro el llamado Estado del bienestar, y con ello las mencionadas ayudas a las familias)
Es importante tener presente esta división: entre los que no tienen niños pero pueden obtenerlos, respecto de aquellos que tienen niños pero no pueden mantenerlos o educarlos; porque eso se escucha y/o tiene efectos en algunas demandas de adopción, como también puede tener efectos en el lugar en que el niño queda a veces colocado. Cuando la cultura de la adopción recién comenzaba a adquirirse, en aquella década de los 90, había escuchado - no en todos los casos ni mucho menos- esta posición de sujetos que van a adquirir un niño de otros que no pueden mantenerlo, quizá para encubrir el sentimiento de no tenerlo: Un adoptante me decía que ellos ya lo tienen todo, y me enumeraba sus posesiones; por eso querían un niño que careciera de todo eso que ellos le darían y que además pudiera heredarles. Otros hacían respecto del futuro niño una demanda de alta exigencia de calidad (blanco, sano, robustito...): un perfil anhelado de bebé ideal, que felizmente ya no se escucha en las actuales y más concientizadas demandas de adopción. Sin duda, se trataba en esos casos de un sentido un tanto mercantilista de la adopción, que no necesariamente descalificaba a esos sujetos de entrada; pero sí hacía falta en nuestro trabajo que se les permitiera volver sobre lo que enunciaban, a fin de que pudieran rectificar esa posición inicial. Otra cosa sería constatar que no pueden salirse de ese discurso donde el niño es puesto en serie con los objetos que poseen; pero ese extremo, por suerte nunca ha sido el más frecuente.
Del lado del hijo, recuerdo los efectos (inconscientes) de este factor en un niño de nueve años, explicado por su terapeuta: adoptado de bebé, cada vez que se enfadaba con sus padres se colgaba un cartelito al cuello que decía “niño en venta” (De alguna manera eso subyacía en sus palabras...)

2- Encontré un segundo factor del incremento de las adopciones, en este caso internacionales, seguramente relacionado con el fluir de las olas migratorias de los últimos años, y vinculado con el anterior: Es un creciente interés por la llamada diversidad, es decir por la diferencia. Interés que observamos tanto desde una vertiente negativa, como actitudes racistas o xenófobas de personas o grupos organizados que a veces cristalizan en agresiones al diferente; y también desde la vertiente positiva, como es el anhelo de aceptarlo tal como es, de integrarlo, de prestarle apoyo, dándose un verdadero empuje a esa diferencia. La adopción internacional se inscribe de alguna manera en ese discurso contemporáneo de interés por la diferencia, y sin duda está motivado por sentimientos de solidaridad, por lo que es bienvenido. Pero hay que reconocer también a veces, el efecto de cierta moda en algunas personas, dado que ello forma parte de un discurso progresista, con el riesgo de caer en una cierta frivolización (recordemos los adoptantes famosos de la prensa rosa)
Este interés por la diferencia, bajo un discurso que es moderno se escucha también en algunas demandas de adopción internacional: A veces se busca el niño expresamente diferente, cuanto más diferente mejor (esto indudablemente también estará ligado a cuestiones bien subjetivas de ese adoptante que imagina su hijo como alguien muy otro). A veces se insiste demasiado en mantenerle al niño, ya adoptado, esa diferencia empujándole a una identificación exagerada con las señas del país o de la etnia de origen: “tú eres ruso, o chino... ése es TU país...”, lo cual es excesivo y se habrá de tener en cuenta, ya que funcionaría como el reverso de la ocultación del hecho adoptivo de otras épocas.

3- Ligado a esto último, otro factor de aumento de las adopciones internacionales es: una creciente conciencia de los malestares y sufrimientos que padece una parte de la población del mundo, dándose también en esto un empuje a repararlos. De ahí el auge de las ONG pro tercer mundo, los apadrinamientos, etc. Aquí, algunas personas optan por una ayuda más individual, como es intentar adoptar un niño o niña que sufre en otro lugar. A veces he escuchado en algunos solicitantes un pedido que es solamente solidario; sobre todo cuando hay hijos biológicos. En este caso es importante que, junto al deseo de ayudar, también aparezca el deseo de otro hijo, de ser otra vez padre o madre, esta vez de un niño que viene de otro cuerpo y de otro lugar.

4- Otra causa de incremento de la adopción es el aumento de la infertilidad, tanto física como de orden subjetivo (psicológica). De las razones de la primera, razones médicas, que en algunos casos se dicen ligadas al deterioro ambiental, no puedo dar cuenta. Sobre las psicológicas sí podemos hacernos algunas hipótesis pero sólo en el caso por caso, ya que puede ser un síntoma del sujeto que la padece. Lo que en términos generales podemos observar, es que este no autorizarse a ser padre o madre se acrecienta en una época de grandes cambios en la estructura familiar, con caída del patriarcado, declive de la función paterna; por las razones constatadas que provocan esa caída, y que no son en sí mismas negativas: influencia del discurso feminista, entrada de la mujer en el mundo laboral, nuevas formas de producción del mercado y de la ciencia, las técnicas de reproducción asistida que hacen pensar en la exclusión del padre en la procreación (hasta el extremo pensable, aunque hasta ahora no realizable de la clonación), movimientos juveniles de protesta frente a la autoridad paterna de pasadas décadas, etc. Es posible que estas causas, que pertenecen a lo social y a lo cultural se combinen con la historia individual de algunos sujetos y colaboren desde lo inconsciente con la infertilidad psicológica de la pareja.
Lo que sí se constata en algunos casos como un observable clínico, es que, cuando algunas de estas personas infértiles recurren a la adopción, una vez que han conseguido la autorización desde el otro para ser padre o madre (un documento que diga “idóneos”), puede que consigan luego un embarazo. De ahí la importancia de que estas personas, durante las entrevistas preadoptivas, puedan tomar en cuenta la posibilidad de un futuro embarazo y las consecuencias de ello en su paternidad/maternidad adoptiva.

5- Y un último factor de incremento que he tenido en cuenta, de menor frecuencia, si bien en aumento, es una tendencia a elegir la adopción en sí misma como forma de filiación, es decir, sin que medie la esterilidad, y sin que haya otros hijos biológicos en la pareja. Aquí la adopción se inscribiría dentro de las llamadas “nuevas formas de filiación”, que de algún modo están ligadas a lo dicho en el punto anterior, a los cambios en los modelos de familia. Estas nuevas formas de filiación, que incluyen también los nacimientos por inseminación artificial, con donante anónimo o no, el alquiler de útero, hasta las futuras clonaciones, tienen con la adopción algo en común: y es que la paternidad y la maternidad, es decir la filiación de un hijo, se produce con independencia del encuentro sexual.
Si el incremento de las demandas de adopción constituye el rasgo fundamental de la adopción hoy, debería tener, no obstante lo dicho, un efecto deseado en tanto positivo: la normalización del hecho adoptivo, indispensable para que los niños adoptados consigan el mejor estar en el mundo posible, aprovechando la nueva oportunidad vital que las familias y la comunidad contribuyen a aportarles.
eórico que conozco y practico.
Entre 1994 y 1997 escuché a las personas que solicitaban la adopción de un hijo/a ante la Dirección General de Atención a la Infancia de la Generalitat de Catalunya, a fin de redactar un informe sobre ellos recomendado o no se les considere idóneos para adoptar un niño/a. Durante el mismo tiempo tuve la ocasión de visitar a los pequeños una vez llegados a sus nuevos hogares, y repetir la visita generalmente cada 6 meses, redactando los corre

dimecres, 22 de juny del 2011


 MADRES DE ALQUILER

La subrogación  o coloquialmente conocida como “madres de alquiler” o “vientres de alquiler”; interesante la diferencia entre “madre” y “vientre”, en la medida que se designa como “vientre” se aparta al sujeto, obviándose que todo vientre está sostenido por un sujeto. Dicha práctica, más allá de sus matices a la hora de designarla; es realizada por un número considerable de parejas, heterosexuales y homosexuales, como por personas a título individual. Es una nueva forma de acceder a la paternidad y/o maternidad y lleva realizándose  desde hace bastantes años, a pesar que recientemente ha cobrado más debate, sobre todo a raíz de la legalización de los matrimonios homosexuales; a menudo vemos casos de famosos que nos presentan a sus hijos venidos al mundo por esta modalidad.

Una madre de alquiler es una mujer que acepta, por acuerdo, quedar embarazada con el objetivo de engendrar y dar a luz un niño que va a ser criado por otros como si fueran sus padres. Es una maternidad por sustitución mediante un contrato de gestación. El niño es inmediatamente reconocido como nacido de sus padres adoptivos. Su filiación es oficialmente declarada como natural y no de adopción, obviando la existencia de la tercera persona, poseedora del vientre alquilado, sería una adopción “in uterus”.

Todo esto suscita un debate en donde se ponen sobre la mesa cuestiones bastantes complejas, a continuación realizaremos un análisis, haciendo referencia a los tres elementos que en estos casos se ponen en juego, por un lado tenemos a unos padres que desean tener un hijo mediante esta vía , a una mujer que acepta gestar el hijo deseado por otros, normalmente a cambio de dinero y si hablamos de lo habitual, también habría una donante de óvulos que podría ser un elemento más a añadir y finalmente, el hijo fruto de todo este entramado.

Vamos a empezar por los padres, bien pareja o bien persona que de manera individual quiera tener un hijo mediante esta vía u otras. Podríamos preguntarnos lo que se puede poner en juego en ciertos sujetos respecto al deseo de hijo. ¿Acaso el deseo de hijo tiene que ir unido al encuentro sexual y amoroso, o puede surgir por otras vías? Es decir ¿el deseo de hijo responde sólo a los avatares de cada sujeto en la resolución de su Edipo o hay otras cuestiones importantes que también tienen lugar para que éste se formule? Podríamos escuchar sujetos, en dónde el deseo de hijo apuntará más por el lado de la transmisión.

En nuestra sociedad el límite a tener un hijo no está en el encuentro sexual, ni siquiera en el cuerpo, es decir, el límite que pone el cuerpo por su naturaleza, para procrear; mediante la ciencia se va reduciendo considerablemente y cada vez más. Entonces en una sociedad capitalista en dónde el hijo se ha convertido en un bien, que se puede adquirir, podemos incluso atrevernos a decir, en un objeto de consumo, con un mercado propio, ¿cómo va a jugar todo ello, con la formulación del deseo de hijo? ¿Es que nuestra sociedad fomenta las ganas de tener hijos? ¿Estamos en una sociedad que no tolera la infertilidad y por ello toda persona que quiere tener un hijo, debe tenerlo?, es decir ¿tener un hijo se ha convertido en un derecho?
 ¿Acaso, esto tiene que ver con desear un hijo? No olvidemos que un hijo, a diferencia de un objeto de consumo más, es un ser con existencia propia que está por venir, y que está por perder, sin estar todavía no perdido.

Normalmente nos encontramos con parejas que sufren infertilidad bien sea por alguna patología o por tratarse de parejas homosexuales que a pesar de que el sujeto, de forma individual seria fértil no lo es la pareja que configura , por otro lado también acceden a esta modalidad personas en solitario nos podemos encontrar a hombres, normalmente homosexuales que acceden a la paternidad de forma individual, o en el caso de mujeres, podría tratarse de mujeres que quieren ser madres en solitario y por su edad u otra cuestión de infertilidad no pueden , quizás lo que nos debería interrogar es en aquellos casos que una mujer pudiendo gestar a su hijo no lo hace y prefiere que lo haga otra por ella, a cambio de dinero. Vemos que frente a lo insoportable de la frustración del deseo de hijo, se plantea como respuesta legitima, sin otra reflexión anterior, la perspectiva de alquilar el útero de otra mujer

En relación a la mujer que acepta gestar un hijo a cambio de una transacción económica, lo primero que podemos preguntarnos ¿qué hace que una mujer se preste a ello?, ¿es por dinero? o hay algo más en juego a pesar de que ella sea consciente o no, por otro lado qué efectos tendrá sobre ella pasar por esta experiencia; la gestación de un bebé no es sin efectos para la mujer que pasa por el proceso, por otro lado ¿puede gestarse sin poner afecto al embrión que crece dentro del propio útero ?, es decir ¿puede un embrión que se gesta, no suponer nada más que una transacción económica para la mujer que lo realiza?  , ¿Es posible hablar solo de vientre?  Finalmente, ¿el dinero puede tapar el vacío que queda después de dar a luz?

La psicoanalista Carolina Eliacheff y el ginecólogo René Frydman padre del primer bebé probeta subrayan la importancia del embarazo que “no es un simple llevar” dado que los intercambios entre la madre y el hijo en el útero son ricos. ¿Cómo “organizar la venida al mundo de niños portados por una mujer cuyo trabajo psíquico consciente e inconsciente consiste en poderlo abandonar” y desde el momento en que ella podría conservar la posibilidad de retractarse después del parto? ¿Se puede conscientemente exponer a los niños de la madre de alquiler, su pareja, su marido a este proceso? ¿Qué pasará en el caso de falso parto, de cesárea, de complicaciones, de niño enfermo…? Por lo que vemos el niño es en la práctica de las madres de alquiler el objeto de un contrato”.

Vamos a preguntarnos también por la mujer que de forma anónima se ofrece donante de óvulos o el hombre que se ofrece donante de semen,  ¿cómo incide en el donante el fantasma del destino de su aportación biológica? Sería interesante escuchar que lleva a ciertos hombres a ser donantes de semen, en donde la ganancia económica es baja y por otro lado que moviliza a la mujer a donar óvulos ,  suponiendo un proceso mucho más aparatoso que en el caso del hombre. Destacar que en este tipo de donaciones lo que puede incidir es más el fantasma sobre lo que pueda devenir del material genético cedido, porque la donación es totalmente previa a la concepción, desarrollo del embrión y nacimiento.
Sin embargo la mujer que gesta un niño, si hay un momento de contacto con éste una vez salido de su vientre;  al dar a luz, al oír llorar al bebé, quizás  sólo unos segundos de encuentro y quizás sólo mediante contacto auditivo.

En relación al niño que nace en estas circunstancias, ¿cómo jugará lo real del cuerpo imaginario de la filiación? , Todo el puzle que le antecede tendrá que articularlo; un sujeto nunca parte de cero, y en estos casos nos podemos encontrar con los padres que hacen su función pero con la mujer o madre donante y la mujer o madre gestante. Un patrón lejos del tradicional, pero posible en la actualidad y que tendremos que ver como el sujeto encuentra sus vías para articularse en la serie familiar o filiar en relación a los elementos precedentes. Si añadiéramos que el niño recibiese leche materna por lactancia a través de otra mujer, aumentaríamos el puzzle, recordemos como esta práctica fue bastante realizada en la historia, llamándose a los niños alimentados por la misma mujer “hermanos de leche”, fijemos como el lenguaje popular los asignó como “hermanos”, manera de indicar que hay un vínculo creado a través de la lactancia.

En todo caso para aceptar a los padres que hacen su función, el hijo tendrá que aceptar que le han antecedido unas figuras por las que tendrá que resolver su historia, pasar por ciertos duelos, pues la mujer que la ha gestado lo ha cedido, y su herencia genética en muchos casos tampoco responderá a la de sus padres, ni a la gestante. 

De todos modos no podemos plantear todo este proceso, como una opción más, en donde todo es maravilloso, evidentemente es una opción, que puede incluso ser gratificante para las distintas partes, pero pone en juego nuevos elementos que de querer ser negados, entonces sí podrán tener peores efectos para los sujetos en juego, si la simbolización del proceso presenta vacíos, el real aparecerá de forma más virulenta.

Matilde Pelegrí Moya
Miembro del Foro Psicoanàlitic Barcelona y de la EPFCL
Psicóloga y Psicoanalista

Montserrat Romeu Figuerola
Miembro del Foro Psicoanàlitic Tarragona y de la EPFCL
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Psicoanalista

20/06/ 2011

dimarts, 7 de juny del 2011


CONSIDERACIONES SOBRE LA PATERNIDAD TARDÍA

En cada época de nuestra sociedad, han existido hombres que han sido padres a una edad avanzada. Pero hoy en día asistimos a un fenómeno cada vez en aumento, a un boom de los abuelos padres. Con el divorcio cada vez más frecuente y con las familias recompuestas dos o tres veces percibimos este fenómeno cada vez más cotidiano.
Ello lleva a preguntarnos qué particularidades se ponen en juego en estos casos en donde a la edad más bien propiciaría para pensar en la jubilación o  en cómo enfocar una parte final de la vida más tranquila, en lo que a compromisos se refiere, y pese a ello, hay hombres que en esta situación acceden a la paternidad, bien sea por primera vez o no.
La verdad es que tener un hijo a esa edad ya no es tan impensable como lo era hasta hace poco. Constantemente conocemos a través de experiencias propias o de medios informativos a hombres mayores que no sólo manifiestan abiertamente el ejercicio de su sexualidad, sino también sus deseos y logros en la paternidad.
A partir de la segunda mitad del siglo XX fueron apareciendo en los diarios  y revistas hombres famosos del cine que llegaban a ser padres en una edad tardía de su vida, recuerden a Yves Montand que fue padre por primera vez a los 67 años, o a Charles Chaplin que tuvo su decimo hijo a los 70 años o a Anthony Quinn que lo fue a los 80 años. Ser padre tardío, ¿es un fenómeno de “ser famoso”? En todo caso, es más propicio en hombres con cierto éxito económico y social, porque no olvidemos que algo tendrán que ofrecer a una mujer  joven, que elige a un hombre bastante más mayor, en lugar de un hombre de su edad o más joven.
Actualmente tanto los hombres que tienen un cargo público como los hombres de la calle alardean de ser padres en edad tardía. A ello se le suma, que para acceder a la paternidad en edad avanzada antes han tenido que seducir a una mujer joven y en muchos casos se trata de mujeres con belleza o incluso con cierto éxito.
Este fenómeno desata muchas preguntas con respecto al deseo de hijo, o más bien al deseo de hijo tardío. Y de qué manera se articulará el vínculo entre el abuelo padre y el hijo.  La pregunta de hipótesis sería ¿Existe alguna particularidad propia en el hecho de ejercer la paternidad en edad tardía, es decir produce determinados efectos en los hijos este tipo de paternidad?
Según Serge Hefez psicoanalista  al principio para un hombre tener un hijo en edad tardía no es un proyecto de él sino de su compañera, pero sin embargo esta nueva paternidad le rejuvenece y le da la ilusión que va a vivir una nueva juventud.
Para que a esta edad se establezca el deseo de hijo primeramente pasará por un deseo muy fuerte hacia la mujer, que ésta le aporte también una fuerte satisfacción sexual, de ahí la idea de rejuvenecimiento.
Posteriormente, en aquellos casos en que el padre esté fuera del mundo laboral ,el vínculo con el hijo le permitirá ir desarrollando su propio deseo, más allá de la madre, un vínculo que en padres que quizás habían accedido a la paternidad en su juventud no lo habían desarrollado o lo habían dejado más del lado de la madre.
Para los padres que estén activos, en el apogeo de su carrera, como no tienen nada que probar de su valía o capacidad profesional, pueden implicarse más en la función paterna. Pero pueden caer en la tentación de superprotegerlos.
Existen hombres que tienen además hijos de edades diferentes y de parejas diferentes. Y la paternidad  les viene al mismo tiempo que a algunos de sus hijos, con lo cual el hijo que tendrán, va a su vez a tener un tío de su misma edad. Y pensemos en la posible rivalidad de los dos (padre e hijo) que van a ser futuros padres.
Podemos preguntarnos también si un adolescente que tenga un padre abuelo, podrá ejercer la rebeldía contra este padre o lo percibirá demasiado débil para hacerlo, o será la madre la que deberá enfrentarse a su rebeldía.
En muchos testimonios de padres que han ejercido la paternidad siendo mayores se recoge su miedo a la muerte a desaparecer antes de que sus hijos sean mayores. Por otra parte todos expresan como la paternidad les ha dado una vitalidad nueva, un baño de juventud,  han tenido la posibilidad de reparar algo de sus anteriores paternidades.
Para la psicoanalista Geneviève Delaisi de Parceval existen dos tipos de padres tardíos: Los que recomponen una familia después de una crisis de pareja y los que tienen deseo de paternidad frustrado, ya que iban prolongando la decisión de ser padre para más tarde, debido a su trabajo o porque habían tenido parejas que no deseaban tener hijos. En los dos casos el recién nacido es vivido como la píldora mágica que servirá para superar la crisis de la mediana edad.
Lo que podemos pensar es que en tanto un hijo en edad tardía acostumbra a tener efectos muy vitales para el padre, porque no va a tener efectos también vitales para el hijo, a pesar de que tengan que hacérselas con el fantasma de la muerte. Quizás porque el hecho que la muerte este más cercana les permite más un saber hacer con la castración. ¿Un padre en edad tardía puede transmitir al hijo ese saber hacer con la castración? Y ¿Cómo se articula el fantasma de la muerte con el nacimiento de un hijo? a pesar de que esta pregunta lo podemos siempre trasladar a cada sujeto que deviene padre o madre, en el caso que hoy nos ocupa lo que se sabe es que la muerte del sujeto que devine padre está más cerca.
En todo caso, lo que se pone en juego en la función paterna, tendrá que ver con la particularidad de cada sujeto, por otro lado no podemos reducir al padre a una contingencia histórica, de hacerlo no nos permitiría entender al padre más allá de su función educativa.  Lacan recurrió a la pluralización de padres: padre imaginario, padre simbólico y padre real; como resumen del resumen diríamos que nos referimos al padre contemporáneo, a la función paterna y al operador estructural, verdadero agente de la castración.  Desde el psicoanálisis tendremos que ponernos en este registro para abordar la función de padre y no quedarnos en un hecho puramente cronológico.
Actualmente, en esos montajes muy complicados de padres, la clínica también nos puede servir para investigar lo que funciona o no como broche para un sujeto, sabiendo que hay otros broches que los nombres del padre.
Matilde Pelegrí Moya
Miembro del Foro Psicoanàlitic Barcelona y de la EPFCL
Psicóloga y Psicoanalista
Montserrat Romeu Figuerola
Miembro del Foro Psicoanàlitic Tarragona y de la EPFCL
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Psicoanalista  
1/06/ 2011