dimecres, 22 de juny del 2011


 MADRES DE ALQUILER

La subrogación  o coloquialmente conocida como “madres de alquiler” o “vientres de alquiler”; interesante la diferencia entre “madre” y “vientre”, en la medida que se designa como “vientre” se aparta al sujeto, obviándose que todo vientre está sostenido por un sujeto. Dicha práctica, más allá de sus matices a la hora de designarla; es realizada por un número considerable de parejas, heterosexuales y homosexuales, como por personas a título individual. Es una nueva forma de acceder a la paternidad y/o maternidad y lleva realizándose  desde hace bastantes años, a pesar que recientemente ha cobrado más debate, sobre todo a raíz de la legalización de los matrimonios homosexuales; a menudo vemos casos de famosos que nos presentan a sus hijos venidos al mundo por esta modalidad.

Una madre de alquiler es una mujer que acepta, por acuerdo, quedar embarazada con el objetivo de engendrar y dar a luz un niño que va a ser criado por otros como si fueran sus padres. Es una maternidad por sustitución mediante un contrato de gestación. El niño es inmediatamente reconocido como nacido de sus padres adoptivos. Su filiación es oficialmente declarada como natural y no de adopción, obviando la existencia de la tercera persona, poseedora del vientre alquilado, sería una adopción “in uterus”.

Todo esto suscita un debate en donde se ponen sobre la mesa cuestiones bastantes complejas, a continuación realizaremos un análisis, haciendo referencia a los tres elementos que en estos casos se ponen en juego, por un lado tenemos a unos padres que desean tener un hijo mediante esta vía , a una mujer que acepta gestar el hijo deseado por otros, normalmente a cambio de dinero y si hablamos de lo habitual, también habría una donante de óvulos que podría ser un elemento más a añadir y finalmente, el hijo fruto de todo este entramado.

Vamos a empezar por los padres, bien pareja o bien persona que de manera individual quiera tener un hijo mediante esta vía u otras. Podríamos preguntarnos lo que se puede poner en juego en ciertos sujetos respecto al deseo de hijo. ¿Acaso el deseo de hijo tiene que ir unido al encuentro sexual y amoroso, o puede surgir por otras vías? Es decir ¿el deseo de hijo responde sólo a los avatares de cada sujeto en la resolución de su Edipo o hay otras cuestiones importantes que también tienen lugar para que éste se formule? Podríamos escuchar sujetos, en dónde el deseo de hijo apuntará más por el lado de la transmisión.

En nuestra sociedad el límite a tener un hijo no está en el encuentro sexual, ni siquiera en el cuerpo, es decir, el límite que pone el cuerpo por su naturaleza, para procrear; mediante la ciencia se va reduciendo considerablemente y cada vez más. Entonces en una sociedad capitalista en dónde el hijo se ha convertido en un bien, que se puede adquirir, podemos incluso atrevernos a decir, en un objeto de consumo, con un mercado propio, ¿cómo va a jugar todo ello, con la formulación del deseo de hijo? ¿Es que nuestra sociedad fomenta las ganas de tener hijos? ¿Estamos en una sociedad que no tolera la infertilidad y por ello toda persona que quiere tener un hijo, debe tenerlo?, es decir ¿tener un hijo se ha convertido en un derecho?
 ¿Acaso, esto tiene que ver con desear un hijo? No olvidemos que un hijo, a diferencia de un objeto de consumo más, es un ser con existencia propia que está por venir, y que está por perder, sin estar todavía no perdido.

Normalmente nos encontramos con parejas que sufren infertilidad bien sea por alguna patología o por tratarse de parejas homosexuales que a pesar de que el sujeto, de forma individual seria fértil no lo es la pareja que configura , por otro lado también acceden a esta modalidad personas en solitario nos podemos encontrar a hombres, normalmente homosexuales que acceden a la paternidad de forma individual, o en el caso de mujeres, podría tratarse de mujeres que quieren ser madres en solitario y por su edad u otra cuestión de infertilidad no pueden , quizás lo que nos debería interrogar es en aquellos casos que una mujer pudiendo gestar a su hijo no lo hace y prefiere que lo haga otra por ella, a cambio de dinero. Vemos que frente a lo insoportable de la frustración del deseo de hijo, se plantea como respuesta legitima, sin otra reflexión anterior, la perspectiva de alquilar el útero de otra mujer

En relación a la mujer que acepta gestar un hijo a cambio de una transacción económica, lo primero que podemos preguntarnos ¿qué hace que una mujer se preste a ello?, ¿es por dinero? o hay algo más en juego a pesar de que ella sea consciente o no, por otro lado qué efectos tendrá sobre ella pasar por esta experiencia; la gestación de un bebé no es sin efectos para la mujer que pasa por el proceso, por otro lado ¿puede gestarse sin poner afecto al embrión que crece dentro del propio útero ?, es decir ¿puede un embrión que se gesta, no suponer nada más que una transacción económica para la mujer que lo realiza?  , ¿Es posible hablar solo de vientre?  Finalmente, ¿el dinero puede tapar el vacío que queda después de dar a luz?

La psicoanalista Carolina Eliacheff y el ginecólogo René Frydman padre del primer bebé probeta subrayan la importancia del embarazo que “no es un simple llevar” dado que los intercambios entre la madre y el hijo en el útero son ricos. ¿Cómo “organizar la venida al mundo de niños portados por una mujer cuyo trabajo psíquico consciente e inconsciente consiste en poderlo abandonar” y desde el momento en que ella podría conservar la posibilidad de retractarse después del parto? ¿Se puede conscientemente exponer a los niños de la madre de alquiler, su pareja, su marido a este proceso? ¿Qué pasará en el caso de falso parto, de cesárea, de complicaciones, de niño enfermo…? Por lo que vemos el niño es en la práctica de las madres de alquiler el objeto de un contrato”.

Vamos a preguntarnos también por la mujer que de forma anónima se ofrece donante de óvulos o el hombre que se ofrece donante de semen,  ¿cómo incide en el donante el fantasma del destino de su aportación biológica? Sería interesante escuchar que lleva a ciertos hombres a ser donantes de semen, en donde la ganancia económica es baja y por otro lado que moviliza a la mujer a donar óvulos ,  suponiendo un proceso mucho más aparatoso que en el caso del hombre. Destacar que en este tipo de donaciones lo que puede incidir es más el fantasma sobre lo que pueda devenir del material genético cedido, porque la donación es totalmente previa a la concepción, desarrollo del embrión y nacimiento.
Sin embargo la mujer que gesta un niño, si hay un momento de contacto con éste una vez salido de su vientre;  al dar a luz, al oír llorar al bebé, quizás  sólo unos segundos de encuentro y quizás sólo mediante contacto auditivo.

En relación al niño que nace en estas circunstancias, ¿cómo jugará lo real del cuerpo imaginario de la filiación? , Todo el puzle que le antecede tendrá que articularlo; un sujeto nunca parte de cero, y en estos casos nos podemos encontrar con los padres que hacen su función pero con la mujer o madre donante y la mujer o madre gestante. Un patrón lejos del tradicional, pero posible en la actualidad y que tendremos que ver como el sujeto encuentra sus vías para articularse en la serie familiar o filiar en relación a los elementos precedentes. Si añadiéramos que el niño recibiese leche materna por lactancia a través de otra mujer, aumentaríamos el puzzle, recordemos como esta práctica fue bastante realizada en la historia, llamándose a los niños alimentados por la misma mujer “hermanos de leche”, fijemos como el lenguaje popular los asignó como “hermanos”, manera de indicar que hay un vínculo creado a través de la lactancia.

En todo caso para aceptar a los padres que hacen su función, el hijo tendrá que aceptar que le han antecedido unas figuras por las que tendrá que resolver su historia, pasar por ciertos duelos, pues la mujer que la ha gestado lo ha cedido, y su herencia genética en muchos casos tampoco responderá a la de sus padres, ni a la gestante. 

De todos modos no podemos plantear todo este proceso, como una opción más, en donde todo es maravilloso, evidentemente es una opción, que puede incluso ser gratificante para las distintas partes, pero pone en juego nuevos elementos que de querer ser negados, entonces sí podrán tener peores efectos para los sujetos en juego, si la simbolización del proceso presenta vacíos, el real aparecerá de forma más virulenta.

Matilde Pelegrí Moya
Miembro del Foro Psicoanàlitic Barcelona y de la EPFCL
Psicóloga y Psicoanalista

Montserrat Romeu Figuerola
Miembro del Foro Psicoanàlitic Tarragona y de la EPFCL
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Psicoanalista

20/06/ 2011

dimarts, 7 de juny del 2011


CONSIDERACIONES SOBRE LA PATERNIDAD TARDÍA

En cada época de nuestra sociedad, han existido hombres que han sido padres a una edad avanzada. Pero hoy en día asistimos a un fenómeno cada vez en aumento, a un boom de los abuelos padres. Con el divorcio cada vez más frecuente y con las familias recompuestas dos o tres veces percibimos este fenómeno cada vez más cotidiano.
Ello lleva a preguntarnos qué particularidades se ponen en juego en estos casos en donde a la edad más bien propiciaría para pensar en la jubilación o  en cómo enfocar una parte final de la vida más tranquila, en lo que a compromisos se refiere, y pese a ello, hay hombres que en esta situación acceden a la paternidad, bien sea por primera vez o no.
La verdad es que tener un hijo a esa edad ya no es tan impensable como lo era hasta hace poco. Constantemente conocemos a través de experiencias propias o de medios informativos a hombres mayores que no sólo manifiestan abiertamente el ejercicio de su sexualidad, sino también sus deseos y logros en la paternidad.
A partir de la segunda mitad del siglo XX fueron apareciendo en los diarios  y revistas hombres famosos del cine que llegaban a ser padres en una edad tardía de su vida, recuerden a Yves Montand que fue padre por primera vez a los 67 años, o a Charles Chaplin que tuvo su decimo hijo a los 70 años o a Anthony Quinn que lo fue a los 80 años. Ser padre tardío, ¿es un fenómeno de “ser famoso”? En todo caso, es más propicio en hombres con cierto éxito económico y social, porque no olvidemos que algo tendrán que ofrecer a una mujer  joven, que elige a un hombre bastante más mayor, en lugar de un hombre de su edad o más joven.
Actualmente tanto los hombres que tienen un cargo público como los hombres de la calle alardean de ser padres en edad tardía. A ello se le suma, que para acceder a la paternidad en edad avanzada antes han tenido que seducir a una mujer joven y en muchos casos se trata de mujeres con belleza o incluso con cierto éxito.
Este fenómeno desata muchas preguntas con respecto al deseo de hijo, o más bien al deseo de hijo tardío. Y de qué manera se articulará el vínculo entre el abuelo padre y el hijo.  La pregunta de hipótesis sería ¿Existe alguna particularidad propia en el hecho de ejercer la paternidad en edad tardía, es decir produce determinados efectos en los hijos este tipo de paternidad?
Según Serge Hefez psicoanalista  al principio para un hombre tener un hijo en edad tardía no es un proyecto de él sino de su compañera, pero sin embargo esta nueva paternidad le rejuvenece y le da la ilusión que va a vivir una nueva juventud.
Para que a esta edad se establezca el deseo de hijo primeramente pasará por un deseo muy fuerte hacia la mujer, que ésta le aporte también una fuerte satisfacción sexual, de ahí la idea de rejuvenecimiento.
Posteriormente, en aquellos casos en que el padre esté fuera del mundo laboral ,el vínculo con el hijo le permitirá ir desarrollando su propio deseo, más allá de la madre, un vínculo que en padres que quizás habían accedido a la paternidad en su juventud no lo habían desarrollado o lo habían dejado más del lado de la madre.
Para los padres que estén activos, en el apogeo de su carrera, como no tienen nada que probar de su valía o capacidad profesional, pueden implicarse más en la función paterna. Pero pueden caer en la tentación de superprotegerlos.
Existen hombres que tienen además hijos de edades diferentes y de parejas diferentes. Y la paternidad  les viene al mismo tiempo que a algunos de sus hijos, con lo cual el hijo que tendrán, va a su vez a tener un tío de su misma edad. Y pensemos en la posible rivalidad de los dos (padre e hijo) que van a ser futuros padres.
Podemos preguntarnos también si un adolescente que tenga un padre abuelo, podrá ejercer la rebeldía contra este padre o lo percibirá demasiado débil para hacerlo, o será la madre la que deberá enfrentarse a su rebeldía.
En muchos testimonios de padres que han ejercido la paternidad siendo mayores se recoge su miedo a la muerte a desaparecer antes de que sus hijos sean mayores. Por otra parte todos expresan como la paternidad les ha dado una vitalidad nueva, un baño de juventud,  han tenido la posibilidad de reparar algo de sus anteriores paternidades.
Para la psicoanalista Geneviève Delaisi de Parceval existen dos tipos de padres tardíos: Los que recomponen una familia después de una crisis de pareja y los que tienen deseo de paternidad frustrado, ya que iban prolongando la decisión de ser padre para más tarde, debido a su trabajo o porque habían tenido parejas que no deseaban tener hijos. En los dos casos el recién nacido es vivido como la píldora mágica que servirá para superar la crisis de la mediana edad.
Lo que podemos pensar es que en tanto un hijo en edad tardía acostumbra a tener efectos muy vitales para el padre, porque no va a tener efectos también vitales para el hijo, a pesar de que tengan que hacérselas con el fantasma de la muerte. Quizás porque el hecho que la muerte este más cercana les permite más un saber hacer con la castración. ¿Un padre en edad tardía puede transmitir al hijo ese saber hacer con la castración? Y ¿Cómo se articula el fantasma de la muerte con el nacimiento de un hijo? a pesar de que esta pregunta lo podemos siempre trasladar a cada sujeto que deviene padre o madre, en el caso que hoy nos ocupa lo que se sabe es que la muerte del sujeto que devine padre está más cerca.
En todo caso, lo que se pone en juego en la función paterna, tendrá que ver con la particularidad de cada sujeto, por otro lado no podemos reducir al padre a una contingencia histórica, de hacerlo no nos permitiría entender al padre más allá de su función educativa.  Lacan recurrió a la pluralización de padres: padre imaginario, padre simbólico y padre real; como resumen del resumen diríamos que nos referimos al padre contemporáneo, a la función paterna y al operador estructural, verdadero agente de la castración.  Desde el psicoanálisis tendremos que ponernos en este registro para abordar la función de padre y no quedarnos en un hecho puramente cronológico.
Actualmente, en esos montajes muy complicados de padres, la clínica también nos puede servir para investigar lo que funciona o no como broche para un sujeto, sabiendo que hay otros broches que los nombres del padre.
Matilde Pelegrí Moya
Miembro del Foro Psicoanàlitic Barcelona y de la EPFCL
Psicóloga y Psicoanalista
Montserrat Romeu Figuerola
Miembro del Foro Psicoanàlitic Tarragona y de la EPFCL
Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Psicoanalista  
1/06/ 2011





















dilluns, 30 de maig del 2011

FREUD Y LOS SUEÑOS DE LOS NIÑOS.
Su actualidad en la cura de niños
Matilde Pelegrí*
Miembro del Foro Psicoanàlitic Barcelona y de la EPFCL
Psicóloga-Psicoanalista
Hace 110 años de la publicación de La interpretación de los sueños (1900) de Sigmund Freud[1], que marcó un viraje respecto a la concepción del sueño, ya que este dejó de ser un mensaje de los dioses para convertirse en una manifestación del inconsciente. Todo el que sueña hoy en día sabe que en las imágenes de la noche, silenciosamente, su deseo insiste. El texto del sueño, es decir el relato de su contenido manifiesto, consta de pensamientos cifrados que deben ser descifrados. Se trata de una forma de escritura codificada, que Freud comparaba con los jeroglíficos.

En el capítulo III de La interpretación de los sueños, El sueño es un cumplimiento de deseo, Freud escribe por primera vez sobre los sueños de los niños y nos muestra una serie de sueños que le parecen que ilustran particularmente su tesis. Más tarde en Conferencias de introducción al psicoanálisis[2] (1915-1916) dedicará la 8ª Conferencia enteramente a dichos sueños.

Iniciaremos en este artículo un recorrido, con Freud, a través de los sueños infantiles más significativos de su obra, para mostrar a continuación como Lacan retoma algunos de estos sueños en sus seminarios, para terminar con algunas viñetas de sueños en niños muy pequeños y otros pertenecientes a la cura de una niña de 7 años en la actualidad

En el capítulo III de La interpretación de los sueños Freud nos dice: “Los sueños de los niños pequeños no presentan enigma alguno que resolver, pero naturalmente son inapreciables para demostrar que el sueño, por su esencia más íntima significa un cumplimiento de deseo”[3]. En esos momentos Freud cree en la transparencia de los sueños de los niños. Para él: “Los sueños de los niños, es cierto, no nos dejan duda alguna de que un deseo no tramitado durante el día puede ser el excitador del sueño”[4]. Y comparándolo con el sueño de los adultos: “…  en el adulto el deseo que quedó pendiente de cumplimiento durante el día no basta para crear un sueño”[5]. Y llega a decir que son sueños preliminares de los sueños infantiles de los adultos. Lo característico  de estos sueños es que son simples deseos que no esconden nada y que son coherentes con los sucesos de la vida diurna.

También en este capítulo nos cuenta varios sueños de niños de su ambiente familiar, de los que he seleccionado dos de ellos: El sueño de su hija Ana. “A los 19 meses debió guardar ayuno todo un día porque había vomitado por la mañana y, según lo dicho por la niñera, se había indigestado con fresas. La noche que siguió a ese día de hambre se la oyó decir en sueños su nombre y agregar: “Ana F(r) eud, f(r)esas, f(r)ambuesas, bollos, papilla... Sueña, entonces, que come, y de su menú destaca precisamente aquello que en los días inmediatos, según supone, le será prohibido”[6].

Pero si observamos este sueño, vemos que no enuncia sólo la satisfacción alucinatoria de una necesidad o la realización de un deseo de fresas, sino que contiene otros elementos: una rebelión contra la comida impuesta por el Otro, ya que las fresas eran lo que el entorno familiar creía que era el motivo del empacho. Enuncia el discurso del Otro e interroga su deseo.

El sueño del pequeño Herman: “Mi sobrino de veintidós meses recibió el encargo de felicitarme para mi cumpleaños y obsequiarme con una canastilla de cerezas, que en esa época del año eran todavía las primicias. Pareció resultarle duro, pues repitió varias veces con voz inaudible: «Kirschen sind d(r)in (adentro hay cerezas)», y no quería soltar la canastilla. Pero supo resarcirse… … El día que siguió al sacrificio del cumpleaños se despertó alegre con esta noticia, que sólo pudo provenir de un sueño: «He(r) mann alle Kirschen aulgessen! (Germán se comió todas las cerezas)»”[7].  

Así vemos que el pequeño Herman sueña que se ha comido todas las cerezas después de que el día anterior le pidieron que llevara un cesto a su tío. El sueño cumple el deseo que esta demanda ha suscitado y cuestiona la demanda del Otro, que provoca un deseo al mismo tiempo que prohíbe su satisfacción.

Los ejemplos de sueños de niños que Freud explica, muestran una intervención evidente del Otro en el deseo del sueño. Su deseo es cuestionado a través de una prohibición, una privación, un mandato o una demanda. Se manifiesta en los intervalos de su discurso, de sus actos, en la enunciación, que evocan para los niños la cuestión de lo que el Otro desea, más allá de lo que demanda.

Si ya en el capítulo III de la Interpretación de los sueños Freud apuntaba que los niños pequeños pronto suelen tener sueños más complicados y menos transparentes. A partir del  pequeño Han nos manifestará la insospechada riqueza que pueden tener el contenido de sueños de los niños de cuatro a cinco años, como lo muestran los ejemplos de su “Análisis de la fobia…”[8]

Aquí Freud nos muestra el sueño de angustia del pequeño Hans que inaugura su fobia y que tiene que ver con la separación de la madre. No es un sueño que desmienta su teoría del deseo sino, lo contrario, la afianza, ya que la angustia aparece porque el sujeto desea. Hans se despierta a la mañana llorando; la mamá le pregunta por qué llora, y él dice: « Cuando dormía he pensado tú estabas lejos y yo no tengo ninguna mami para hacer cumplidos»[9].

Freud nos dice que este sueño apunta a un proceso represivo de seria intensidad: “… este es un genuino sueño de castigo y represión, en el cual, además, fracasa la función del sueño, puesto que el niño despierta con angustia de su dormir”[10].

Vamos viendo que aunque la actividad onírica de los niños consta de sueños simples en donde se realiza el deseo sin subterfugio, ya desde muy temprana edad aparecen las pesadillas, compuestas de gritos y de angustia. Frente al contenido manifiesto se esconde otro contenido del deseo, reprimido, inhibido, que el grito de la pesadilla vela. Para Lacan en su seminario sobre La angustia: “la angustia de la pesadilla es experimentada hablando con propiedad, como la del goce del Otro”[11].

Pero a medida que el niño se aproxima a los enigmas del Edipo, el sueño, hasta entonces realización de deseos, se polariza hacia la temática edípica. Condensación, desplazamiento, elaboración secundaria son cada vez más importantes. Encontramos aquí los sueños de angustia y los sueños traumáticos que nos muestran un superyo tan goloso como el deseo espontáneo de la pequeña infancia. En resumen, es el signo de que empiezan las dificultades para los niños en el dormir. El sueño, guardián del dormir, se convierte en el enemigo, que será la base de los insomnios adultos.

También Freud en la Interpretación de los sueños da muchos ejemplos de sueños infantiles de pacientes adultos. He elegido el que se refiere a un sueño de agresividad contra los hermanos: “… soñó por vez primera a los cuatro años, siendo la menor, y después repetidas veces”: “Un montón de niños, todos sus hermanos y hermanas, primos y primas, atraviesan un prado. De pronto les nacen alas, remontan vuelo y desaparecen. Del significado de ese sueño nada columbraba ella; no nos resultó difícil reconocerlo como un sueño de la muerte de todos sus hermanos, en su forma originaria, poco influida por la censura”[12].

En el sueño encontramos la manera velada de decir que los hermanos y hermanas, trasformados en mariposas, estarían mejor en otra parte. El ambiente bucólico esconde unos celos que se muestran en el sueño.

Será a partir de 1914, con el desciframiento de los sueños traumáticos infantiles de los adultos, sobre todo en el Hombre de los Lobos[13], donde Freud mostrará que los niños no esperan muchos años para pasar de las fresas del sueño célebre de su hija a las pesadillas de la comida totémica.
Pero aún en la 8ª Conferencia (1915-1916) nos sigue diciendo que los sueños de niños son: “Breves, claros, coherentes, de fácil comprensión, unívocos y con todo, indubitables.”[14] Y además nos da algunas orientaciones sobre dichos sueños:
1. “Para la comprensión de estos sueños no se requiere de ningún análisis, de ninguna aplicación de una técnica… … “En todos los casos hay una vivencia del día anterior que nos explica el sueño”.
 2. “Vemos que estos sueños de niños no carecen de sentido; son actos anímicos de pleno derecho, comprensibles”.
3. “Estos sueños están desprovistos de desfiguración; por eso no necesitan de ningún trabajo interpretativo. Sueño manifiesto y sueño latente coinciden aquí”… No obstante, va añadir más tarde:”Pero tras una reflexión más atenta reconoceremos también en estos sueños un poquito de desfiguración onírica, una cierta diferencia entre el contenido manifiesto del sueño y los pensamientos oníricos latentes”.
 4. “El sueño de un niño es la reacción a una vivencia del día, que ha dejado tras sí un lamento, una añoranza, un deseo incumplido… … El sueño brinda el cumplimiento directo, no disfrazado, de ese deseo”[15].
La interpretación de los contenidos latentes del sueño será menos directa. El sueño, más que satisfacción sustitutiva de una prohibición, se presentará como una construcción metafórica que habrá que descifrar.

Más adelante plantea que a pesar de que todo sueño tiene un sentido psíquico, hay que pensar que no siempre pueda ser el mismo. Hay sueños que son cumplimientos de deseos y otros que tienen que ver con temores, recuerdos, reflexiones, lo que lo lleva a interrogarse si existirán otros sueños que los de deseo o si sólo existen los sueños de deseo. Se pregunta si habrá sueños que no respondan a la satisfacción de un deseo. Acá podemos pensar en lo que va a plantear en 1920 en Más allá del principio de placer[16], al introducir la pulsión de muerte, en relación con los sueños traumáticos, en donde plantea que: "En lo inconsciente anímico, se discierne una compulsión de repetición… que tiene suficiente poder como para doblegar al principio del placer"[17].

Freud nos dice que el niño no es muy accesible al psicoanálisis: protege su narcisismo y no dice todo. Asocia poco, pero a veces justo lo suficiente para que se pueda encontrar efectivamente detrás del texto manifiesto algo de un fantasma y su repetición en los sueños: el ladrón, el policía, el hombre enmascarado, los animales salvajes, etc.

En la 29ª Conferencia de Nuevas conferencias de Introducción al psicoanálisis[18] (1932-1933) Freud continúa: “En todo sueño debe figurarse como cumplido un deseo pulsional. El bloqueo nocturno de la vida anímica respecto de la realidad, y la regresión a mecanismos primitivos que posibilita, permiten que esa satisfacción pulsional deseada se vivencia como presente por vía alucinatoria”[19]. Y: “El punto más discutido de toda la doctrina fue sin duda la tesis de que todos los sueños son cumplimientos de deseo… … “Hemos mantenido nuestra doctrina mediante la clasificación en sueños de deseo, de angustia y punitorios”[20].

Pero será Lacan, en su retorno a Freud, quien nos dará un plus de orientaciones respecto a los sueños. En La instancia de la letra en el inconsciente[21], los sueños son realización del deseo inconsciente. El sueño se presenta en imágenes, que deben entenderse a la letra. Las imágenes del sueño deben retenerse por su valor de significante, es la imagen la que debe entrar en el lenguaje y no al revés.

En el Seminario V, “Las formaciones del inconsciente”[22], Lacan nos dice que la experiencia que tenemos de los sueños más escuetos de los niños no es de una simple satisfacción, como cuando se trata de la necesidad de comer. Es algo que se presenta ya con un carácter de exceso, de un exceso exorbitante. Lo que sueña la pequeña Anna Freud es justamente lo que le han prohibido: cerezas, fresas, frambuesas, flan, todo lo que ha entrado en una característica propiamente significante por haber sido prohibido. Ella no sueña simplemente con algo que responde a una necesidad, sino más bien con lo que se presenta como un festín, más allá de los límites del objeto natural de la satisfacción de una necesidad. Sabemos lo importante que es la función de exceso, relacionado con el goce; aquí ya tenemos un punto esencial.

El psicoanalista Pierre Bruno en su artículo “primeras pesadillas” de su libro “Cours et Décours d’une psychanalyse”, manifiesta  que “el sueño hace pasar un goce que se revela equivalente a lo que significa” o “que el sueño hace pasar el goce al inconsciente”[23]. Y en el artículo: “Changement de psychanalyse”, afirma: «… si el sueño es resolutorio… es porque al contrario que la realización del fantasma (que también juega un papel en el sueño) el deseo se cumple en la más pura presentación-figuración. Dándole forma primaria al goce anteriormente impensable”[24]. Y, con respecto al papel de los sueños en la cura, P. Bruno nos da la siguiente orientación “la cura no es una máquina para interpretar los sueños en cadena (incluso si la interpretación de un sueño puede ser decisiva en un momento de la cura) sino más bien un lugar propicio para importar a la palabra asociativa la libertad onírica”[25].

Voy  a pasar a relatarles dos sueños de un niño de 2 años y una niña de 20 meses, en un dispositivo de acogida padres-hijos de 0 a 4 años, Casa Oberta (tipo estructura Maison Verte) en el que trabajo como psicoanalista.

Un día, la madre de Joan nos explica que su hijo mayor de dos años repitió toda la noche las siguientes palabras: “casa oberta, tren, auto”. Ella dijo que ayer, su hijo quería ir a la Casa Oberta, pero como estaba apurada, no lo pudo traer. Este sueño expresaba claramente el deseo insatisfecho de Joan de ir a la Casa Oberta para jugar con el tren y el auto que tanto le gustan. Pero este sueño no corresponde solamente al deseo de ir al lugar de acogida; se traduce también como la rebelión del niño contra lo prohibido de la madre e interpela al discurso del Otro. En este caso, las palabras “casa oberta, tren, auto” se transforman en significantes debido a la interdicción.

Otro día, María de 20 meses, quiere que le den todas las muñecas que se encuentran en la estantería. Juega a esconderlas todas. Su madre me cuenta que la última noche, en su sueño, María llamaba a las muñecas de la Casa Oberta. Supe, así, que las muñecas tenían todas un nombre: “man, tan, bua, pa, papá, mamá”, y todas habían pasado la noche con María, gracias a su sueño. Para su madre, este sueño permitía a su hija satisfacer su amor por las muñecas. Pero no se trataba de un simple sueño de satisfacción de una necesidad como, por ejemplo, el hambre. Es algo que se presenta ya con un carácter de exceso, de un deseo desbordante.  Son “todas” las muñecas que María quiere.

Vemos que los sueños de los niños de la primera infancia ponen en juego todo lo vivido, lo consciente e inconsciente de cada uno. Los sueños de niños de los que acabamos de hablar, demuestran los efectos de actos y sentimientos de los más aparentemente anodinos de su vida, que continúan, sin embargo, trabajándolos, hasta en su sueño. Expresan lo que ha sido más o menos bien vivido por el niño, sin ser mero espejo del día anterior, que podrá entonces pasar de lo no-dicho a un dicho constructivo, con la ayuda de los profesionales de la acogida. Ahí está otra vez un ejemplo de lo que puede ser entendido en un dispositivo como la Casa Oberta: esta escucha, aún de lo anodino, permitirá al niño, a menudo, dejar atrás un conflicto no resuelto.

Y en la cura, ¿qué estatuto darle a los sueños de niños? ¿Forman parte de sus producciones, como el dibujo? ¿El sueño como un significante? ¿Pueden los niños asociar como los adultos y descubrir el enigma de sus sueños? ¿Tienen que ver con la transferencia?

Voy a pasar a relatar una serie de sueños de una niña de 7 años llamada María. Su parte o “tranche” (trozo) de cura ha durado 11 meses. Durante este tiempo se fueron sucediendo una serie de sueños, en los que podemos ver construcciones sucesivas, con un tipo de conclusión particular. ¿Qué estatuto darle a sus sueños?¿Van a dar cuenta de los avatares de la metáfora paterna? ¿Han formado parte de su trayecto o  una conclusión de entrada en el Edipo?

La demanda de los padres de María es debida a los síntomas que presenta su hija desde hace unos meses. Tiene miedo de quedarse sola, de dormir sola e, incluso, últimamente, se niega a ir al colegio alegando que le duele la barriga. Al principio no se inquietaron mucho, pero al ver que eso iba en aumento decidieron consultar.

La mamá de María es profesora y el papá trabaja en un banco. Ellos relatan que han sufrido, hace ya un año, una pérdida que les ha afectado a todos, pues unos amigos muy íntimos, que eran los padrinos de su hija, murieron en un accidente aéreo cuando se dirigían a un país exótico.

Además los padres de María tienen a sus propios padres, los abuelos de María, a mucha distancia. Los ven 2 veces al año por vacaciones de verano y Navidad.

En el psicoanálisis con niños siempre aparecen en alguna sesión los sueños, o bien porque tienen el estatuto de pesadilla y al niño le preocupa, o bien porque ha tenido una satisfacción y quiere transmitirla.

Pero en este caso, desde la primera sesión María habla de lo que ha soñado. Y lo describe. Casi todas las veces quiere dibujarlo, dice que es para que yo lo entienda más. Aunque después dirá que es para que ella pueda entenderlo. A veces hace una asociación, pero otras no. 

PRIMER SUEÑO: Es una señora que está paseando con su hija por el campo y ven una mariposa. Se ponen a jugar con ella y recogen flores, pero todo lo estropea un perro que pasaba por allí y su amo. La mariposa se espanta. Se despertó muy enfadada y quería  volver a tener el mismo sueño, pero que la mariposa no se escapara.

A María le gustan las mariposas y las flores, como a su madre. Este sueño pone de manifiesto la relación idílica con su madre. Podíamos decir que hay un despliegue de la conflictiva pre-edípica y edípica. El hombre y el perro son amenazadores y molestos y además le espantan uno de los objetos fálicos de la madre. Maria verbaliza que tiene miedo a los perros, sin llegar a ser un objeto fóbico.

SEGUNDO SUEÑO: Sueña que va en un coche, de viaje, conducido por su madre, y que las dos solas van a ver a los abuelos. Llegan a la ciudad y pasean por un parque todo verde y lleno de animales, sobre todo ardillas.

Le gustan mucho las ardillas a María, y aquí vemos un cumplimiento de un deseo. Cada vez que va a la ciudad de los abuelos maternos el abuelo pasea con ella y le dan de comer a las ardillas. Su abuelo materno es una persona importante para ella porque sabe contar cuentos. Aparece la mirada de María hacia el abuelo que tiene el saber (falo). Y en cuanto al desciframiento del sueño, podríamos decir que repite su unión ideal con la madre y cómo ella se sitúa como objeto del goce materno.

TERCER SUEÑO: Están en un castillo la mamá y la nena. Están cuidando las flores que son tulipanes. Se lo pasan bien, pero viene un perro y se quiere comer los tulipanes, pero mamá no le deja y lo echa.

Al hacer el dibujo del sueño hace una figura masculina y una cámara de fotos. Al preguntarle yo por esa figura dice: alguien que pasaba por allí. En cuanto a la cámara de fotos asocia que a ella y a su madre les gustan los tulipanes, pero a su padre le gusta sacar fotos. Tiene muchas fotos en casa que las ha hecho el padre. Se va perfilando una débil aparición del padre. Pero más bien cómo un “rival molesto”, como nos dice Freud en “La sexualidad femenina” (1931).

CUARTO SUEÑO: Sueña que ella y su mamá van a la panadería y compran una barra de pan. Después se encuentran con su amiga Rosa Mari y su mamá y se ponen todas a hablar. De repente mamá le dice que hay que volver, que es tarde y papá se puede enfadar. Cuando llegan a casa se encuentran al papá muerto.

Se ha despertado muy asustada, me dice, y ha ido al cuarto de los padres a explicarlo a su madre a solas. A su papá no ha querido explicarle nada porque tiene vergüenza. Los papás son muy serios y a lo mejor no le gusta mi sueño, dice. Al invitarle yo a asociar sobre el significante “muerto” puede hablar de sus padrinos, que murieron en Katmandú de accidente de aviación. Sorprende que recuerde el nombre del lugar, pues los padres no lo hicieron. Al mismo tiempo, en su trayecto hacia la feminidad, muestra su hostilidad hacia el padre. Fantasías de agresión y angustia frente a la muerte. Este sueño tiene el estatuto de una pesadilla que hace pasar el goce al inconsciente.

QUINTO SUEÑO: Sueña que tiene muchos juguetes de animales, pero éstos se vuelven de verdad y la atacan. Viene mamá con un cuchillo y se los clava. Está salvada y está tranquila. Los animales eran tigres y leones, unos animales que le asustan mucho.

Dice que algunos de estos sueños los ha tenido repetidamente y que cree que muchos de sus miedos son a que ellos vengan y le ataquen, y por eso tiene miedo a quedarse sola y a ir al colegio, porque allí no está protegida como en casa. La madre continúa como portadora del falo, ella la salva del ataque; y esos animales ¿tienen el rol de agentes de la metáfora paterna? ¿Se ve amenazada la relación preedípica? El soñar la enfrenta, a pesar de la desfiguración, con su verdad pulsional.

SEXTO SUEÑO: Había una mariposa gritando a una mariquita que estaba contenta. ¿Por qué?, le preguntó la mariquita. Porque me voy a casar. ¿Con quién?, le dijo la mariquita. Pues con otra mariposa. Y ¿cómo es que te casas? Pues porque estoy enamorada.

Dice que le hubiera gustado preguntarle a la mariposa si se casaba con un macho y, si lo era cómo se llamaba: ¿mariposa o mariposo? Asocia que no le gusta ver a las personas enamoradas y que no puede soportar mirar películas en las que salen dos personas besándose. Después rectifica y dice que le gusta que sus padres estén enamorados. Aparece su pregunta por el deseo de la madre, y cómo ella no es su único objeto de goce. Ella no satisface del todo a la madre, cuya mirada se dirige al padre.           

SEPTIMO SUEÑO: Sueña que está en mi consulta y que hablamos. Yo le entrego una foto de su mamá enmarcada en un cuadro que ella había olvidado la sesión anterior. Al cogerla, se le cae la foto y se rompe el cuadro a trocitos.

Asocia que siente mucha angustia porque ¿qué diría su mamá si esto ocurriese de verdad? Le reñiría mucho. Al decirle yo que las mamás pueden entender que pasen esas cosas entre una madre y una hija, ella de repente se pone a llorar y dice que no quiere dejar sola a mamá. ¿La mamá a trozos puede indicar que María se ha topado con la castración materna? Vemos que para ella tiene valor de trauma. María ha descubierto su incompletud a través de la del otro. Aparece su culpabilidad frente al Otro.

A partir del quinto sueño sus síntomas van desapareciendo y, después del séptimo sueño, desaparecen del todo. Continúa viniendo dos meses más, pero ella y los padres deciden que está “curada” y que no tiene sentido continuar.

Es un hecho que la demanda en psicoanálisis de niños viene formulada en términos de “que esté mejor” en clase, en casa o con él mismo. Y que la mayoría de las veces difícilmente puede irse más allá de lo estrictamente terapéutico. El final de la cura vendrá marcado por la desaparición de los síntomas. Una de las cosas que se puede hacer es conducir la cura de tal manera que si mas tarde - cuando el niño/a sea mayor y aparezcan los sufrimientos y síntomas- él/ella sepa reencontrar el camino del análisis, pero esta vez hacia otro fin.

OCTAVO Y NOVENO SUEÑO: En la última sesión trae dos sueños. En el primero ella va por un laberinto, va dando vueltas y encuentra fácilmente la salida. Al salir del laberinto la aplauden y le dan un premio. Es un libro que dice: “El pare es maravellos”.

Asocia que es un libro que le compraron cuando empezó a leer. Pero después asocia el laberinto con la trayectoria que hemos hecho. Entró en la consulta y ahora sale. Le indico que en el laberinto que ella ha dibujado no es posible entrar y salir porque ella ha dibujado una no continuidad. Si  se entra no es posible salir. Ella verbaliza que le gusta quedarse en la entrada.

En el segundo sueño ella y yo paseamos por la ciudad. Yo llevo un perro a pasear y la acompaño a una cafetería donde están sus padres. Al llegar no están y yo le pregunto si la puedo dejar sola, porque tengo prisa. Ella contesta que sí, que ella les esperará.

Me dice que nos despedimos y que ella puede seguir sola y que si algún día le vuelven los miedos, volverá.

¿De qué dan cuenta estos sueños que relata María? ¿Podemos en cierta manera ver su recorrido particular y su construcción de la neurosis infantil en cuanto a los avatares previos al pasaje a la feminidad en la pubertad? No es lo mismo la entrada en el Edipo en el niño y la niña. El síntoma de María venía a dar cuenta de sus dificultades en relación con el Edipo.

Para ella algo se despierta, como en cualquier niña. La madre castrada (caída) da lugar a la entrada en el Edipo. ¿El padre es realmente “maravellos” (maravilloso)” para María? He aquí un reto…

La clínica con niños consiste a menudo en acompañarles en su recorrido por el significante fálico, por el consentimiento de la lengua, por la falta, por el encuentro con la castración materna. Es la construcción de la neurosis infantil. Y entonces, el psicoanálisis puede ayudar a los niños a que la vida no sea sólo una pesadilla.

Y para acabar en relación a los sueños de los niños, podemos decir que la incidencia del deseo del Otro está muy presente en ellos y que el desciframiento metafórico o metonímico es todavía más evidente. Y que lo natural de los niños topa con la culpabilidad incomprensible de lo que da cuenta la pesadilla, irreductible a ninguna realidad traumática. Será necesario el largo recorrido del Edipo, de la castración, del súper-yo precoz, de la sexualidad infantil, para que los sueños revelen la complejidad de un conflicto. Irán mostrando una elaboración más compleja que les acercará cada vez más a los sueños de los mayores.  
BIBLIOGRAFIA:
1.- FREUD, SIGMUND. «La interpretación de los sueños » (1900) Tomo IV, Amorrortu editores.
2.- FREUD, SIGMUND. «Conferencias de Introducción al psicoanálisis» (1915-1916) Tomo XV, Amorrortu editores
2.- LACAN, JACQUES. El Seminario, Libro V, Las Formaciones del inconsciente. 1998 « La instancia de la letra en el inconsciente ».
3.- CHABOUDEZ, GISÈLE. «  L’Equation des rêves et leur déchiffrage psychanalytique ». Éditions Denoël, 2000 Paris.
4.- «Rêves d’enfants » Groupe petite enfance  Bulletin nº14, Octobre 1999. Article de Serge Cottet : « Rêves d’enfants : fraise des bois et loups des steppes », pág.5-6.
5.- BRUNO, PIERRE. “Changement de pychanalyse”, Psychanalyse 1 (2004): pág.5-29  
6.- BRUNO, PIERRE. “ Cours et Décours d’une Psychanalyse (2004): pág.58-60
7.- « Rêver, dormir peut-être… » Revue « La Lettre de l’enfance et de l’adolescence » nº 71 mars 2008. Article de Paul-Laurent Assoun «  L’enfant rêveur à l’épreuve de la psychanalyse, pág.13-23.
8.- Revista « Figures de la psychanalyse» nº 19, «  Lettres de l’inconscient », Éditions Érès, 2009. Article de Martine Mènes «  L’enfance du rêve » pág.67-74.


* e-mail: matildep@copc.cat
[1] Sigmund Freud. “La interpretación de los sueños”, en Obras Completas, vol. IV y V, (Buenos Aires: Amorrortu, 2005).
[2] Sigmund Freud. “Conferencias de Introducción al psicoanálisis”, en Obras Completas, vol. XV, (Buenos Aires: Amorrortu, 2005).
[3] Sigmund Freud. “La interpretación de los sueños”, op.cit. pág. 147
[4] Ibíd. pág. 543
[5] Ibíd. pág.543
[6] Ibíd. pág.149
[7] Ibíd. pág.150
[8] Sigmund Freud. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”, en Obras Completas, vol. X, (Buenos Aires: Amorrortu, 2005).
[9] Ibíd. pág.22
[10] Ibíd. pág.96
[11] Jacques Lacan. Los seminarios de Jacques Lacan. Libro 10, La angustia (Buenos Aires, Paidós 2006) pág. 73
[12] Sigmund Freud. “La interpretación de los sueños”, op.cit. pág. 263
[13] Sigmund Freud. “De la historia de una neurosis infantil”, ”, en Obras Completas, vol. XVII, (Buenos Aires: Amorrortu, 2005)
[14] Sigmund Freud. “Conferencias de Introducción al psicoanálisis”, op.cit. pág.115
[15] Ibíd. pág. 115-117
[16] Sigmund Freud. “Más allá del principio de placer”, en Obras Completas, vol. XVIII (Buenos Aires: Amorrortu, 2005).
[17] Ibíd. pág. 23
[18] Sigmund Freud. “Nuevas conferencias de Introducción al psicoanálisis”, vol. XXII, (Buenos Aires: Amorrortu, 2005).
[19] Ibíd. pág.18
[20] Ibíd. pág.26
[21] Jacques Lacan. La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. Escritos 1, Siglo XXI Editores, pág.490
[22] Jacques Lacan. Los seminarios de Jacques Lacan. Libro 5, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paidós,1999
[23] Pierre Bruno “Cours et Décours d’une Psychanalyse” Article «  Premiers cauchemars » pág. 58 APJL, 2004
[24]Pierre Bruno. Article “Changement de pychanalyse”,  Revista Psychanalyse 1 (2004) pág.22
[25] Ibid, pág.26